
Lejos de las bulliciosas costas y de las rutas turísticas habituales, en pleno corazón del norte de Burgos, se extiende una tierra donde el tiempo parece haberse detenido. Es Las Merindades, una comarca histórica cuya capital, Medina de Pomar, es una auténtica cápsula del tiempo. Este enclave medieval ha logrado preservar su esencia original a lo largo de los siglos, ofreciendo a los viajeros no solo la posibilidad de contemplar monumentos, sino una verdadera inmersión en la atmósfera de épocas pasadas. Aquí, cada piedra del empedrado y cada recodo de sus estrechas calles susurran historias de caballeros, nobles señores y ciudadanos sencillos que vivieron hace siglos.
Sin lugar a dudas, la silueta que domina el paisaje urbano es el Alcázar de los Condestables, conocido por los lugareños como “Las Torres”. Construido en 1370 por voluntad de la poderosa familia Velasco, este castillo es testigo silencioso de la evolución de la nobleza castellana. Concebido inicialmente como una fortaleza inexpugnable, con el tiempo se transformó en un lujoso palacio donde los austero muros de piedra sirvieron de escenario a la refinada vida aristocrática. En la actualidad, esta fortaleza, declarada oficialmente Bien de Interés Cultural, abre sus puertas al visitante. En su interior alberga el Museo de Las Merindades, cuya exposición abarca arqueología, historia y bellas artes de la región. Y al subir a la terraza, se pueden disfrutar de impresionantes vistas panorámicas que engloban la ciudad y sus pintorescos alrededores.
La majestuosidad del castillo se complementa armoniosamente con otros tesoros repartidos por la ciudad. Muy cerca se encuentra el Monasterio de Santa Clara, que durante siete siglos fue hogar de monjas clarisas. Actualmente, en sus muros se ubica el Museo de los Condestables, que continúa narrando la historia de los gobernantes de estas tierras. El legado religioso de la ciudad también está presente en iglesias como la Iglesia de la Santa Cruz y la retirada ermita de San Millán. Esta última es especialmente relevante, ya que alberga el Centro de Interpretación del Arte Románico, que permite una comprensión más profunda de las características de este estilo arquitectónico. Pasear por el casco histórico es un continuo descubrimiento: uno cruza bajo el Arco de la Judería, que rememora el pasado judío de la ciudad, y más adelante, por el Arco de la Cadena, otro vestigio de las antiguas fortificaciones.
Pero Medina de Pomar no es solo historia detenida en el tiempo. Es una ciudad viva y palpitante. La arteria principal, la Calle Mayor, inevitablemente conduce a la Plaza Mayor, epicentro social donde la vida bulle. Esta plaza, rodeada de acogedoras terrazas de cafés y restaurantes, está presidida por el majestuoso edificio del ayuntamiento de estilo neoclásico. Desde aquí, en un mirador especial, se disfruta de una vista magnífica sobre el río Trueba. Sus aguas fluyen tranquilamente a través de los parques urbanos y zonas verdes como La Chopera o Villalobos. En los días calurosos, es posible encontrar alivio del calor bañándose en piscinas naturales. Es un lugar donde la historia y la naturaleza se funden, creando una atmósfera única que, sin duda, merece ser parte de tu próximo viaje por España.












