
La red de rutas de peregrinación que conducen a la tumba del apóstol Santiago se enriquece constantemente con nuevos caminos, ofreciendo a los viajeros cada vez más opciones para un desafío tanto espiritual como físico. En las tierras de la Alcarria, inmortalizadas por el Nobel Camilo José Cela, recientemente fue recuperada una de estas rutas. Permite a los caminantes sumergirse en paisajes históricos y conectar con la tradición milenaria del viaje a pie, alejados de las arterias más concurridas, donde aún es posible sentir el auténtico espíritu de recogimiento.
Se trata de una senda que obtuvo reconocimiento oficial en 2018 por la Federación Española de Asociaciones de Amigos del Camino de Santiago. Su nombre no es casual, ya que atraviesa territorios que una vez estuvieron bajo el dominio de una de las familias más poderosas de la nobleza castellana. Los Mendoza no eran solo aristócratas, sino verdaderos mecenas, guerreros y políticos cuyo influjo definió el destino de la región durante siglos. Este tramo tiene una longitud de 97 kilómetros. Comienza en Guadalajara y termina en Manzanares El Real, ya en la comunidad de Madrid, donde enlaza con el Camino de Madrid. Este, a su vez, lleva a los peregrinos hasta unirse con el famoso Camino Francés en la localidad de Sahagún, en la provincia de León.
La ruta atraviesa catorce municipios en la confluencia de dos autonomías: Castilla-La Mancha y la Comunidad de Madrid. Al viajero le esperan no solo paisajes pintorescos, sino también un rico patrimonio cultural, esparcido por localidades como Marchamalo, Usanos, Fuentelahiguera de Albatages, Viñuelas o Uceda. El paisaje cambia de forma gradual: los campos dorados de la Campiña dan paso a las estribaciones del Sistema Central, el aire se vuelve más fresco y el sendero más sinuoso. Aquí es posible contemplar pastorales idílicos, restos de arquitectura románica y mudéjar, ruinas de antiguas iglesias dedicadas a Santiago y símbolos de peregrinos tallados en piedra. El punto de partida es la iglesia de Santiago en Guadalajara, lo que une simbólicamente esta iniciativa con la historia religiosa y cultural de la ciudad.
Todo el trayecto está cuidadosamente dividido en etapas de diferente longitud, lo que lo hace accesible para personas con distintos niveles de condición física. Se puede optar por tramos cortos, como de Guadalajara a Marchamalo (solo 5,8 km), o rutas más largas, como de Usanos a Fuentelahiguera (10,9 km) o de Guadalix de la Sierra a Soto del Real (10,7 km). Cada momento del recorrido ofrece una armoniosa combinación de naturaleza e historia. En Uceda, por ejemplo, se conservan fragmentos vinculados a la antigua parroquia de Santiago, y en Torrelaguna, documentos de archivo confirman la existencia de un hospital medieval para viajeros, donde podían encontrar refugio y ayuda. Estos pequeños hallazgos hacen que el viaje sea especialmente valioso.
Quienes decidan emprender este viaje deberían planificar su ruta con antelación. La primavera y el otoño se consideran las mejores épocas para recorrerlo, ya que las condiciones climáticas son más favorables y la naturaleza muestra todo su esplendor. El equipamiento adecuado es clave para el éxito: botas de trekking ya amoldadas, una mochila ligera, bastones de senderismo y protección solar son esenciales. Una preparación previa tampoco está de más, ya que permitirá al cuerpo afrontar mejor el esfuerzo de varios días. Siguiendo estas sencillas recomendaciones, el viajero podrá disfrutar plenamente de una travesía que no solo conduce al destino final, sino que también revive la memoria de las tierras del gran linaje castellano, que dejó una huella imborrable en la historia del país.












