
Lejos del bullicio de las grandes ciudades, en pleno corazón de la provincia de Lugo, se esconde un rincón de naturaleza gallega intacta que puede sorprender incluso al viajero más experimentado. Allí, entre frondosos bosques donde el aire está impregnado de humedad y el aroma de hojas caídas, discurre el río Sarria. Precisamente a lo largo de su curso serpenteante se extiende una de las rutas de senderismo más encantadoras de la región, conocida como la Ruta As Aceas. No es simplemente un paseo: es una auténtica inmersión en un mundo donde el tiempo parece haberse detenido y donde el único acompañamiento es el murmullo constante del agua y el canto de las aves del bosque.
Bajo la sombra de árboles centenarios
La excursión sigue un recorrido circular de unos seis kilómetros, ideal para un paseo familiar tranquilo. El sendero está muy bien acondicionado: las pasarelas y barandillas de madera garantizan la seguridad incluso en los tramos con ligeras pendientes, lo que hace la ruta accesible para todas las edades. Paso a paso, el camino se adentra en el bosque mixto donde majestuosos castaños, robles, alisos y arces forman una densa bóveda verde que protege del calor del verano. Los rayos de sol que se filtran entre las hojas dibujan patrones caprichosos en el suelo, creando un ambiente mágico. Aquí es fácil olvidar las prisas diarias y dejarse llevar por la tranquilidad y la armonía de la naturaleza. Paneles informativos colocados en la ruta ofrecen información sobre la flora y la fauna local, permitiendo descubrir detalles que a simple vista pasarían desapercibidos, como una elegante garza junto al agua o las huellas de una astuta nutria.
Molinos que guardan la memoria del pasado
El nombre del itinerario, “As Aceas”, se debe a los antiguos molinos de agua, que son su principal atractivo etnográfico. Estas construcciones de piedra, que durante siglos aprovecharon la fuerza del río para moler grano, hoy se alzan ante los viajeros como silenciosos testigos de una época ya desaparecida. A lo largo del recorrido se encuentran cuatro molinos – Acea de Abaixo, Acea de Riba, Muíño do Conde y Muíño do Regueiro –, así como cinco pequeñas presas que en su día desviaban el agua hacia los canales necesarios. Cada uno tiene su propio carácter y su historia. Al observar las paredes cubiertas de musgo y las pesadas muelas, es fácil imaginar la actividad que aquí había hace varios siglos. Estas edificaciones no son simples ruinas, sino una parte esencial del patrimonio cultural de Sarria, cuidadosamente preservada e integrada en el entorno natural.
Los misterios del sendero entre bosques
Además de los monumentos creados por el hombre, el sendero esconde auténticos tesoros naturales. En uno de sus rincones más apartados, oculto tras un manto de vegetación, se revela la pintoresca cascada Fervenza do Rego da Sensa. Sus aguas caen con estruendo desde una modesta altura, creando un oasis de frescura y tranquilidad. Es el lugar perfecto para hacer una pausa y tomar algunas fotos de recuerdo. Otro punto de interés es la enigmática cueva de Gaspar. Según cuenta la leyenda local, durante la Guerra Civil Española, un hombre llamado Gaspar se refugió aquí escapando de la persecución. Esta historia forma parte del folclore de los habitantes de Sarria, para quienes la cueva simboliza resistencia y memoria colectiva. Para muchos lugareños, este paraje sigue evocando las excursiones de verano y las aventuras de la infancia.
Guía práctica para el viajero
Puedes empezar este paseo desde dos puntos: el campo de fútbol municipal A Ribela o el paseo marítimo Malecón, en pleno centro de Sarria. La ruta forma un circuito lógico cuya principal atracción es el puente de madera Fafian, desde donde se obtiene una vista magnífica del curso del río. Al cruzar al otro lado, el recorrido de vuelta te ofrece nuevas perspectivas y sensaciones. As Aceas es un lugar hermoso en cualquier época del año. En primavera, el bosque despierta y se llena de colores vivos; en verano, regala una frescura reconfortante; en otoño, se viste de dorado y rojo; y en invierno, adquiere una belleza austera y cautivadora. Es un rincón perfecto para desconectar del ruido digital, disfrutar de los sonidos de la naturaleza y descubrir la esencia auténtica —y nada turística— de Galicia.












