
El otoño tiñe España de colores únicos. El calor veraniego se desvanece, pero la sed de descubrimientos permanece, y precisamente esta estación se convierte en el momento ideal para recorrer senderos a pie, especialmente en las siempre verdes regiones del norte. Galicia, con sus paisajes envueltos en niebla y antiguas leyendas, ofrece innumerables rutas para explorar. Una de ellas, alejada de los folletos turísticos más conocidos, regala experiencias realmente inolvidables y permite sumergirse de lleno en la atmósfera auténtica de esta tierra singular.
Un viaje al pasado por la senda de los molinos
La aventura comienza en la pequeña parroquia de Samieira, perteneciente al municipio de Poio, en la provincia de Pontevedra. Desde la plaza Alfredo Romay parte la ruta conocida como «Ruta de los Muiños». No se trata solo de un paseo por el bosque, sino de una auténtica inmersión en el pasado industrial y social de la región. El sendero serpentea junto al río, donde aún se conservan 23 antiguos molinos de agua, y cada uno de ellos tiene su propia historia.
Algunas de estas construcciones han sido cuidadosamente restauradas por entusiastas locales, y sus ruedas de madera vuelven a girar impulsadas por el agua, sirviendo como testigos vivos de una época pasada. Otras se presentan como pintorescas ruinas, cubiertas de musgo y hiedra. Sus muros de piedra parecen conservar todavía los ecos de las conversaciones de los molineros, que trabajaban aquí día y noche. Esta hilera de edificaciones conforma una especie de museo al aire libre, que muestra la inventiva y la dura vida rural de siglos pasados.
En armonía con la naturaleza: el río y el bosque
El suave murmullo del río Freiría acompañará tu camino en todo momento. Su nombre, que puede traducirse como «el río del monje», proviene de una leyenda local. Se dice que, hace mucho tiempo, un noble renunció a sus títulos para convertirse en ermitaño y construyó un pequeño refugio en el nacimiento del río. Aunque hoy no queda rastro de aquella construcción, el nombre se conservó y añade un toque de misterio al paisaje.
El sendero serpentea a través de un denso bosque dominado por robles y castaños. En otoño, el suelo se cubre de un manto dorado y rojo de hojas caídas, mientras el aire se impregna del aroma intenso de la tierra húmeda y la madera en descomposición. Este exuberante paisaje, tan típico de Galicia, transmite una sensación de aislamiento total, desconectando del bullicio del mundo moderno y permitiendo que los pensamientos fluyan tan suavemente como las aguas del río.
Una ruta ideal para toda la familia
Una de las principales ventajas de este itinerario es su accesibilidad. El recorrido apenas suma unos pocos kilómetros y su dificultad es mínima, lo que lo convierte en una excelente opción para personas de cualquier edad y condición física. Es perfecto para una escapada en familia con niños o para un paseo tranquilo entre amigos. Cabe destacar que, en el pasado, estos molinos no eran solo lugares de trabajo: eran auténticos centros sociales imprescindibles para la vida local.
Aquí las familias de toda la comarca se reunían a la espera de la molienda del grano, compartían noticias, contaban historias y cantaban canciones. Las largas jornadas de trabajo, que a menudo se prolongaban hasta bien entrada la noche, favorecían lazos comunitarios fuertes y dieron origen al folclore local. Hoy, al recorrer este sendero, es posible sentir ese espíritu de unión, disfrutando de placeres sencillos en plena naturaleza. Es una excelente oportunidad para desconectarse de los dispositivos digitales y recargar energías antes de volver a la rutina diaria.












