
En el corazón de España, lejos de las rutas turísticas masificadas, se esconde un lugar donde el tiempo parece haberse detenido. El noreste de la provincia de Segovia no ofrece solo un viaje, sino una auténtica inmersión en otra época. Aquí, entre campos dorados y profundos cañones fluviales, se encuentra un pueblo medieval que, junto a una impresionante ruta de senderismo, crea las condiciones perfectas para un fin de semana inolvidable. Este es un destino para quienes buscan experiencias genuinas y belleza intacta, lejos del turismo de masas.
La senda sobre el desfiladero
La principal atracción para los amantes de la aventura es una ruta de senderismo única, trazada a lo largo del desfiladero del río Riaza. No se trata solo de un paseo por el bosque, sino de una verdadera aventura. El recorrido está ingeniosamente integrado en el paisaje rocoso: en algunos tramos se transforma en pasarelas de madera que literalmente flotan sobre el agua, y en otros, en puentes colgantes que se balancean suavemente bajo los pies, añadiendo un toque de adrenalina. En ciertos puntos, el camino atraviesa pasos estrechos en la roca y requiere ascender por escalones tallados o sólidas escaleras de madera. El itinerario está diseñado para ser accesible para personas con distintos niveles de forma física, ofreciendo tanto tramos exigentes como trayectos tranquilos para disfrutar la naturaleza. Alrededor solo se escucha el canto de los pájaros, el murmullo del agua y las majestuosas paredes de roca, en cuyas cimas pueden verse nidos de buitres. Es el lugar perfecto para despejar la mente y disfrutar de la naturaleza virgen de Castilla.
Un viaje en el tiempo tras los muros de la fortaleza
El punto culminante de la ruta es el pueblo de Maderuelo, que se alza orgulloso en lo alto de una colina sobre el embalse de Linares del Arroyo. Su silueta de piedra, reflejada en las aguas azules, forma un paisaje verdaderamente cinematográfico. Para entrar hay que atravesar el monumental Arco de la Villa, que aún conserva la antigua puerta de madera y elementos defensivos originales. Una vez dentro, se accede a un laberinto de callejuelas adoquinadas donde cada piedra respira historia. Maderuelo fue en su día un importante bastión de la línea defensiva del río Duero durante la Reconquista, y sus potentes muros aún evocan aquellos tiempos de esplendor. Caminar sobre ellos permite disfrutar de impresionantes panorámicas del embalse y sus alrededores. Dentro del recinto amurallado se encuentran varias iglesias antiguas, destacando la iglesia de Santa María del Castillo, un sorprendente conjunto de estilos románico, mudéjar y morisco.
Legado templario y gastronomía castellana
Fuera de las murallas de la villa, junto al agua, se encuentra otra joya: la ermita de Vera-Cruz. Este antiguo templo de la orden de los templarios, declarado Monumento Nacional, conserva un aire de misterio. Aunque sus famosas pinturas románicas fueron trasladadas al Museo del Prado en Madrid para una mejor conservación, el lugar no ha perdido su atractivo místico. Tras un largo paseo y sumergirse en la historia, Maderuelo invita a los visitantes a descubrir la gastronomía local. En pequeños restaurantes familiares es posible probar el plato estrella de la cocina segoviana – el tierno cordero lechal (lechazo asado), cocinado en horno de leña según antiguas recetas. No es solo una comida, es todo un ritual que pone el broche a un día perfecto en este rincón auténtico de Castilla y León. Maderuelo es un destino donde historia, naturaleza y gastronomía se funden, ofreciendo una experiencia que permanece en la memoria.












