
Galicia, en España, es mucho más que el océano infinito y la famosa catedral de Santiago de Compostela. En sus valles verdes, alejados de los destinos turísticos más conocidos, se esconden auténticos tesoros capaces de ofrecer al viajero experiencias inolvidables. Uno de estos lugares se encuentra en el municipio de Barro, donde la naturaleza y la historia se han entrelazado para crear un paisaje de extraordinaria belleza. Aquí, en el parque natural del río Barosa, existe un sendero que permite, en poco tiempo, sumergirse en la atmósfera auténtica de la región.
Se trata del recorrido PR-G 105, conocido como Sendeiro dos Muíños de Barosa. No es simplemente un paseo por el bosque, sino un auténtico viaje al pasado. A lo largo del curso impetuoso del río, que discurre en cascada por terrazas de granito, se encuentran diecisiete molinos de agua construidos en piedra. Estas construcciones, conocidas aquí como “muíños”, fueron en su día el centro de la vida para las comunidades campesinas, suministrándoles harina. Hoy conforman un valioso conjunto etnográfico que permite asomarse a una época ya pasada. Parece que fue ayer cuando aquí todo era actividad y el crujir de las muelas resonaba por todo el valle.
La principal joya de este lugar es, sin duda, Fervenza da Barosa, una cascada de unos treinta metros de altura. Las corrientes de agua caen estrepitosamente por varios escalones, creando un espectáculo impresionante y llenando el aire de fina bruma. Los molinos están situados justo en la ladera, a lo largo de la cascada, como si se aferraran a las rocas. Esta armonía entre las construcciones humanas y la naturaleza salvaje resulta asombrosa. La integración de la arquitectura en el paisaje es tan natural que parece que estas casitas de piedra hubieran crecido aquí por sí solas.
El recorrido es un sendero circular de baja dificultad, que se puede completar en menos de una hora. Es ideal para paseos en familia y no requiere preparación física especial. La ruta comienza en el aparcamiento y conduce al grupo de molinos inferiores, luego sube siguiendo el río hasta el puente de San Breixo. Desde allí se puede disfrutar de una magnífica vista al valle, y quienes lo deseen pueden llegar hasta la iglesia homónima del siglo XVII. El regreso se hace por la otra orilla cruzando el puente de A Búa, lo que permite descubrir nuevas perspectivas y apreciar aún más la belleza escalonada de las viejas edificaciones.
Este lugar es encantador en cualquier época del año. Durante los calurosos meses de verano, el río forma pozas y pequeñas piscinas de agua fresca donde es posible darse un baño. En otoño e invierno, cuando las lluvias llenan el río, la cascada muestra toda su fuerza y esplendor. El parque cuenta con áreas de descanso y zonas de picnic, lo que lo convierte en un sitio ideal para pasar el día al aire libre. La proximidad al Camino Portugués de Santiago le añade atractivo, ya que muchos peregrinos hacen una parada aquí para descansar y disfrutar de la tranquilidad.
Pero el paseo no estaría completo sin descubrimientos gastronómicos. Algunas de las antiguas molinos han sido cuidadosamente restauradas y convertidas en pequeñas tabernas. Aquí, en un entorno lleno de colorido y con el murmullo del agua de fondo, se pueden degustar platos tradicionales de la cocina gallega. Es una oportunidad única para combinar la actividad física con una inmersión en la cultura y las tradiciones culinarias de la región, y vivir una experiencia completa e inolvidable en este maravilloso rincón de España.












