Mientras los flujos turísticos se dirigen a las conocidas costas y grandes ciudades, la auténtica España se esconde lejos del bullicio, en rincones apartados que han conservado su esencia original. Uno de estos oasis de tranquilidad se encuentra en el occidente del Principado de Asturias. Es un lugar donde los colores del otoño adquieren una profundidad especial y el aire está impregnado de silencio, solo interrumpido por el susurro de las hojas y el murmullo de los ríos. Aquí, lejos de las rutas habituales, el viajero encuentra algo más que un paisaje hermoso: encuentra armonía.
En el corazón del valle de Navia, en una pintoresca curva del río homónimo, se encuentra el pequeño pueblo de Serandinas. Esta diminuta localidad del municipio de Boal cuenta con menos de doscientos habitantes permanentes. Las cifras de 2024 confirman su ambiente íntimo: apenas 169 residentes. Este hecho lo convierte en uno de los puntos más despoblados y, al mismo tiempo, con más carácter de la región. El paisaje que se presenta ante los ojos parece sacado de una postal antigua: tejados cubiertos de pizarra tradicional, la iglesia de Santa Marina coronando la colina y panorámicas del valle que dejan sin aliento. Todo esto genera la sensación de que aquí el tiempo sigue sus propias reglas, protegiendo el modo de vida rural asturiano del mundo exterior.
La proximidad al embalse de Arbón ha convertido esta zona en un auténtico imán para los amantes de las actividades al aire libre. El río es el gran protagonista, ofreciendo numerosas opciones de ocio. Se puede practicar descenso en kayak, piragua o canoa, y los más aventureros pueden atreverse con el barranquismo. Pero las actividades acuáticas no lo son todo. Los alrededores resultan perfectos para paseos a caballo, rutas en bicicleta de montaña y, por supuesto, senderismo. Así, este destino resulta igualmente atractivo tanto para quienes buscan aventura como para quienes prefieren pasear tranquilamente entre prados y bosques.
Además de su belleza natural, Serandinas conserva cuidadosamente su patrimonio histórico. La iglesia local de Santa Marina, de estilo neohistórico, merece una mención especial. Se estima que fue edificada sobre un antiguo castro. En su interior se encuentra un altar dedicado a la Virgen del Carmen, junto a varias esculturas de madera policromada. Muy cerca se pueden contemplar las ruinas de la antigua torre-castillo Castelo-Torre, silencioso testigo del pasado defensivo de la región. La combinación de monumentos culturales y paisaje dota a este lugar de una personalidad única y una gran profundidad histórica.
Para los aficionados al senderismo, existe la ruta «Camino hacia el molino Gloria y la cascada Río Frío». Es un sendero sencillo de 4,5 kilómetros ida y vuelta, con un desnivel moderado de 175 metros. Su bajo nivel de dificultad lo hace accesible incluso para los excursionistas principiantes. El recorrido atraviesa tanto tramos asfaltados como caminos del bosque, permitiendo sumergirse por completo en el encanto de los paisajes asturianos.
Llegar a este rincón escondido no supone ninguna dificultad. Hay que tomar la carretera AS-12, que conecta Navia con Grandas de Salime. Aproximadamente a mitad de camino hay una salida que lleva directamente al pueblo. Ya desde la carretera se pueden contemplar vistas del río Navia, que por sí solas son una recompensa tras cada curva recorrida. El viajero que se aventure en esta pequeña excursión descubrirá no solo un lugar tranquilo para descansar, sino también la auténtica y genuina Asturias, donde los paisajes verdes, la vida rural y el ocio activo se funden en un solo ambiente. Es un lugar donde el otoño despliega toda su gama de colores y donde las manecillas del reloj parecen detenerse.












