
En pleno corazón de Castilla-La Mancha, a menos de cien kilómetros de Madrid, se encuentra la localidad de Tembleque. Este rincón de la provincia de Toledo atrae a los viajeros por su ambiente auténtico, sus calles encaladas y un rico patrimonio arquitectónico que invita a un viaje al pasado.
El principal atractivo y motivo de orgullo del municipio es su Plaza Mayor, declarada Bien de Interés Cultural. Construida en el siglo XVII en estilo barroco popular, es uno de los ejemplos más destacados de la arquitectura manchega. Originalmente, la plaza fue diseñada como un espacio para corridas de toros y celebraciones populares, lo que determinó su estructura única, similar a los antiguos corrales de comedias. Está rodeada de galerías con columnas toscanas y pasillos de madera, mientras que las fachadas lucen la cruz de San Juan.
Además de su célebre plaza, Tembleque ofrece otros puntos de interés. Muy cerca se encuentra la Plaza de la Orden, donde se alza la Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, de estilo gótico tardío. Destacan también varias ermitas, en especial la ermita de la Purísima Concepción y la ermita de la Vera Cruz, esta última construida en 1762 y de una original planta octogonal. La arquitectura civil está representada por la Casa de las Torres, un palacete del siglo XVIII, y la antigua Casa de Postas.
El clásico paisaje de La Mancha no estaría completo sin los molinos de viento. En las afueras de Tembleque se alzan dos de estas construcciones, que evocan inevitablemente las imágenes de la novela de Cervantes y la eterna lucha de Don Quijote contra los gigantes imaginarios. Estos molinos, junto a las casas encaladas y los campos interminables, conforman la identidad única de la región. Visitar Tembleque es una oportunidad para descubrir una ciudad que conserva cuidadosamente su historia, cultura y tradiciones, ofreciendo a los visitantes una experiencia única de inmersión en la auténtica España.












