
En la comunidad médica de España se ha desatado un debate: los métodos habituales para evaluar el estado de los pacientes tras un paro cardíaco podrían ceder el paso a un nuevo biomarcador. Se trata del delgado neurofilamento polipeptídico, que según los últimos datos, es capaz de predecir con mayor precisión cuál será el desenlace funcional de los afectados. Médicos e investigadores de varios países, incluida España, analizan de cerca los resultados recientes de un gran estudio internacional en el que participaron cientos de pacientes.
Tradicionalmente, la recuperación neurológica tras un paro cardíaco se evalúa mediante pruebas clínicas, neuroimagen y análisis de sangre para determinados proteínas. Sin embargo, estos métodos no siempre ofrecen una respuesta clara. Esto es especialmente cierto para dos biomarcadores populares: la enolasa neuroespecífica y la proteína S100. El primero puede arrojar resultados falsos debido a la hemólisis, y la segunda —producirse no solo en el cerebro, sino también en otros tejidos— lo que puede confundir a los médicos.
La perspectiva española
En España, donde cada año se registran miles de paros cardíacos extrahospitalarios, la necesidad de un pronóstico preciso es especialmente relevante. Los médicos señalan que cada día adicional de retraso en la toma de decisiones puede reducir las posibilidades de recuperación del paciente. Por ello, la aparición de un nuevo marcador ha despertado un gran interés entre los especialistas.
En un estudio internacional con la participación de clínicas de Reino Unido, Dinamarca, China, Noruega, Estados Unidos, Francia, Suecia y Chequia, los científicos compararon la eficacia de varios biomarcadores. Se prestó especial atención al neurofilamento de cadena ligera y a la proteína ácida fibrilar glial. Expertos españoles ya han comenzado a implementar estos nuevos enfoques en sus unidades de cuidados intensivos para comprobar hasta qué punto estos datos son aplicables a sus pacientes.
Resultados y cifras
En el estudio participaron 819 pacientes con una edad media de 64 años. Algunos de ellos recibieron hipotermia terapéutica, un procedimiento que reduce la temperatura corporal para proteger el cerebro. Los niveles de biomarcadores se midieron inmediatamente tras el ingreso en la UCI y luego a las 24, 48 y 72 horas. La evaluación de los resultados neurológicos se realizó según la escala de Rankin: desde la recuperación completa hasta la discapacidad grave o el fallecimiento.
El neurofilamento de cadena ligera fue el que mostró los resultados más destacados. Ya tras 24 horas después de la parada cardíaca, su nivel permitía predecir con gran precisión el pronóstico. A las 48 horas, el valor predictivo de esta proteína alcanzaba su punto máximo: el área bajo la curva fue de 0,93, significativamente superior a la de los otros marcadores. Por ejemplo, la proteína ácida fibrilar glial y la enolasa neuroespecífica mostraron resultados más modestos.
Conclusiones prácticas
Médicos españoles señalan que el nuevo biomarcador podría significar un verdadero avance en la terapia intensiva. Su alta especificidad y sensibilidad permiten tomar decisiones sobre el tratamiento de manera más rápida. Esto es especialmente relevante para pacientes en estado de inconsciencia, cuando los métodos de evaluación convencionales no funcionan.
Además, la investigación reveló que concentraciones más elevadas de neurofilamentos polipeptídicos ligeros están asociadas a un mayor riesgo de fallecimiento durante los seis meses posteriores a una parada cardíaca. Esto abre nuevas posibilidades para el seguimiento a largo plazo y la rehabilitación de los pacientes. Los médicos subrayan que las conclusiones definitivas sobre la aplicabilidad de este marcador en España se tomarán tras estudios adicionales, pero ya es evidente que los enfoques habituales podrían cambiar.
El futuro del diagnóstico
La introducción de nuevos biomarcadores en la práctica clínica es un proceso que requiere tiempo. Es necesario realizar pruebas adicionales, capacitar al personal y actualizar el equipamiento de laboratorio. Sin embargo, el interés por el neurofilamento polipeptídico ligero crece en los hospitales españoles. Algunas clínicas ya han comenzado a utilizarlo para evaluar el estado de pacientes tras una parada cardíaca, y los primeros resultados confirman los datos de colegas internacionales.
Los médicos están convencidos: si la eficacia del nuevo marcador se confirma en estudios a gran escala, esto no solo permitirá aumentar la precisión de los pronósticos, sino también optimizar los tratamientos, reducir los costes de procedimientos innecesarios y mejorar la calidad de vida de los pacientes. En los próximos años, España podría convertirse en uno de los países donde estos nuevos métodos diagnósticos se implementen con mayor rapidez.
Quizás no lo sabía, pero la cadena ligera de neurofilamentos (neurofilament light chain, NfL) es una proteína que se utiliza desde hace tiempo en neurología para evaluar el daño del tejido nervioso. Sus niveles aumentan en diversas enfermedades cerebrales, así como tras esfuerzos extremos, por ejemplo, en astronautas al regresar a la Tierra. En los últimos años, el interés por este biomarcador ha crecido considerablemente, y ahora podría convertirse en una herramienta clave en reanimación y cuidados intensivos.












