
En la sala del tribunal de Catarroja se vive una tensión que difícilmente olvidarán tanto los políticos como los ciudadanos de Valencia. Salomé Pradas, ex responsable de Justicia e Interior, se encuentra en el epicentro de la investigación por la catástrofe que costó la vida a 230 personas en 2024. El viernes declaró que, en el momento más crítico, no logró contactar al entonces presidente Carlos Mazón para debatir un posible confinamiento. Según explicó, intentó llamarlo a las 19:36 sin éxito y sólo unos minutos después logró hablar con el secretario del gobierno, Cayetano García.
Pradas recalcó que era el presidente quien debía tomar la decisión sobre la implantación de medidas restrictivas. Sin embargo, al no conseguir comunicarse con él, recurrió al entorno más cercano del líder regional. Este punto resulta clave en la investigación: ¿quién debía asumir la responsabilidad por la vida de miles de personas y en qué momento?
Duelo judicial
El lunes, en ese mismo tribunal, Pradas se enfrentó cara a cara con José Manuel Cuenca, quien fue jefe de gabinete de Mazón. La jueza Nuria Ruiz Tobarra organizó la confrontación para aclarar quién daba las órdenes en pleno desastre. Cuenca, quien antes había comparecido como testigo, aseguraba no haber dado ninguna instrucción a Pradas respecto al confinamiento de la población. Sin embargo, han aparecido mensajes donde Cuenca dice: «Salo, ningún confinamiento», además de constar que Pradas le avisó de la primera víctima en Utiel ya a las 16:28.
Cuenca intentó justificar estos mensajes alegando que estaban sacados de contexto. Sin embargo, su contenido contradice claramente sus declaraciones anteriores. Sigue sin aclararse quién tomó realmente el mando durante las horas críticas. La jueza señaló que las discrepancias en los testimonios requieren un examen exhaustivo, razón por la cual se ordenó una confrontación presencial entre las dos figuras clave.
Ira y protesta
Mientras en la sala se esclarecían los pormenores, decenas de afectados y familiares de las víctimas se congregaron en la entrada. Con pancartas de «Ni perdón ni olvido» y gritos de «Sinvergüenzas» y «Asesinos», recibieron a Cuenca y Pradas. El primero llegó al juzgado a las 9:08 de la mañana y fue inmediatamente increpado. Pocos minutos después apareció Pradas, quien también enfrentó duras palabras. Ninguno de los dos quiso hacer declaraciones a la prensa que los aguardaba a las puertas.
El caso ha causado un gran impacto social. La sociedad exige no solo justicia, sino respuestas sinceras: ¿Quién es responsable de haber puesto en peligro cientos de vidas y de tomar decisiones en medio del caos y la confusión?
Documentos y contradicciones
La jueza que lleva la investigación aceptó en diciembre celebrar una confrontación directa, a solicitud de la organización Acció Cultural del País Valencià. La razón fueron nuevos documentos presentados por la defensa de Pradas: conversaciones de WhatsApp certificadas ante notario entre ella y Cuenca. La segunda parte de las contradicciones surgió tras el nuevo interrogatorio a Cuenca, donde él dio una interpretación completamente diferente a estos mensajes, afirmando que no reflejan la realidad de lo ocurrido.
La jueza subrayó que tales discrepancias no pueden resolverse sin un enfrentamiento directo de las versiones. Señaló que las declaraciones de Pradas no deben considerarse una mezcla de testimonios legales, intervenciones públicas y palabras dichas en la comisión parlamentaria. Solo una confrontación puede aclarar quién dice la verdad y quién busca evadir responsabilidades.
Preguntas clave
El tribunal no solo analiza las relaciones personales entre los exfuncionarios, sino también el propio sistema de toma de decisiones en situaciones catastróficas. ¿Por qué fue imposible contactar con la presidenta en un momento crítico? ¿Quién debía asumir la iniciativa? Y lo más importante: ¿por qué los mensajes que podrían haber salvado vidas quedaron sin respuesta?
El proceso judicial sigue adelante y cada sesión revela nuevos e inesperados detalles. La sociedad espera respuestas claras, que por ahora no llegan. El caso sigue siendo un enredo en el que cada implicado intenta protegerse, y la verdad parece escurrirse entre mensajes privados y declaraciones públicas.












