
En Barcelona se inauguró una exposición que promete cambiar la percepción que los españoles tienen sobre la juventud actual. El enfoque principal son las historias reales y emociones de adolescentes que, sin esconderse tras las máscaras sociales habituales, relataron sus vivencias en primera persona. El proyecto, que reunió a 300 jóvenes de Cataluña, Lituania y Rumanía, se ha convertido en uno de los retratos colectivos más amplios de la generación Z en Europa. En España, este acontecimiento trasciende lo puramente cultural: plantea interrogantes sobre cómo los jóvenes construyen su identidad y por qué su visión del mundo difiere de la percepción tradicional de los adultos.
La exposición «Tenemos 17 años. Un retrato colectivo» en el Centre de Cultura Contemporània de Barcelona (CCCB) se ha transformado en un espacio de diálogo sincero entre adolescentes y la sociedad. Los jóvenes confesaron que en las redes sociales suelen mostrar solo los aspectos más positivos de sus vidas, mientras que con sus amistades se permiten ser auténticos. Este contraste entre la identidad virtual y la real se ha vuelto el eje central de la muestra. Según El País, los organizadores no pretendían debatir temas políticos ni problemáticas sociales delicadas; el foco está en las vivencias personales, los sueños, miedos y desilusiones.
Espacio personal
Una parte esencial de la exposición son las fotografías, los vídeos y los textos realizados por los propios adolescentes. Los visitantes no solo pueden ver retratos de los participantes, sino también sus habitaciones, patios y calles donde pasan el tiempo. En una de las salas del CCCB se colocaron colchones para que los asistentes pudieran disfrutar de un ambiente habitual para la juventud. Aquí se escuchan conversaciones sobre la amistad, confesiones nocturnas, historias de la playa y del parque; todo ello genera una sensación de inmersión y permite observar la vida de los adolescentes desde dentro.
El trabajo en el proyecto duró varios meses. Los jóvenes estuvieron acompañados por profesionales del cine, la fotografía y el teatro, quienes les ayudaron a expresarse a través del arte. Muchos se inspiraron en el álbum «El libro de los amigos» del director y fotógrafo Johan van der Keuken, presentado por primera vez en Barcelona. En esta obra, el autor retrató a sus propios amigos adolescentes ya en 1955, lo que se convirtió en el punto de partida para este proyecto contemporáneo.
La voz de una generación
Los participantes señalan que la exposición permite mostrar una visión más honesta y profunda de su vida que la que suelen ofrecer los medios de comunicación. Según una de las participantes, aquí nadie intenta adaptarse a las expectativas ajenas: cada uno se expresa a su manera. Este enfoque diferencia el proyecto de la mayoría de las exposiciones tradicionales sobre la juventud, donde a menudo predomina la mirada adulta. En el CCCB, los propios adolescentes se han convertido en autores y protagonistas de sus historias.
La exposición presenta no solo fotografías y videos, sino también instalaciones creadas en colaboración con reconocidos artistas y músicos. Entre ellas destacan piezas sonoras de Xavier Bobés y Albert Coma, así como un proyecto audiovisual de Martí Madaula. Un lugar especial ocupa la instalación final, donde suena música compuesta por los propios adolescentes con el apoyo de la escuela Xamfrà. Aquí los visitantes pueden dejar sus mensajes en la pared, como suele hacerse en clubes y fiestas.
Nuevos formatos
La exposición en el CCCB no es el único ejemplo de cómo la juventud europea busca nuevas formas de expresión. En los últimos años, en España y otros países han surgido proyectos donde los adolescentes no solo son objeto, sino también autores de iniciativas culturales. Por ejemplo, recientemente en Murcia se celebró un encuentro de directores de escuelas internacionales donde se debatieron nuevos enfoques en la educación y el desarrollo de la juventud. Más detalles sobre cómo este tipo de eventos influye en el entorno educativo se pueden consultar en el reportaje sobre la reunión privada de directores de escuelas en ELIS Murcia.
Según informa El País, la exposición «Tenemos 17 años» es fruto de la colaboración entre la asociación cultural A Bao A Qu y la investigadora Érika Goyarrola. En el proyecto participaron la ilustradora Núria Inés (Tintafina), el director Jaume Claret Muxart y otras figuras reconocidas del arte. Se ha puesto especial atención en que cada participante pueda expresar sus pensamientos y sentimientos sin la presión de los adultos o la sociedad.
En los últimos años, en España y Europa proliferan los proyectos colectivos en los que los jóvenes deciden por sí mismos los temas y el formato del diálogo con la sociedad. Estas iniciativas no solo permiten comprender mejor a la nueva generación, sino que también ayudan a identificar problemas ocultos relacionados con la autoestima, las relaciones y la búsqueda de identidad. En 2025, Madrid acogió una exposición similar en la que adolescentes compartieron su visión de la vida en la gran ciudad a través de fotografías y cortometrajes. En Lisboa y París también se llevaron a cabo proyectos enfocados en el mundo interior de la juventud. Estos eventos evidencian el creciente interés por las historias reales de los jóvenes, y los nuevos formatos les ayudan a hacer oír su voz.












