
Los conductores que planean viajar por España se enfrentan a una amenaza real: casi un tercio de toda la red de carreteras del país necesita reparaciones urgentes, y en algunas regiones la situación es casi crítica. Cada día, miles de personas corren el riesgo de sufrir accidentes debido a grietas profundas, baches y el pavimento desgastado. El problema ya no se limita a la comodidad: está en juego la seguridad y la vida.
Según Autobild, en los últimos cuatro años la extensión de carreteras con daños graves casi se ha triplicado. Actualmente en España hay 34.000 kilómetros de vías donde circular se convierte en un reto tanto para los conductores como para los vehículos. En 2022, estos tramos sumaban 13.000 kilómetros, lo que muestra claramente la magnitud del deterioro.
Regiones con mayor riesgo
La situación es especialmente grave en ocho comunidades autónomas donde más de la mitad de las carreteras se consideran peligrosas. Aragón encabeza la lista, ya que el 68% de sus vías requieren una intervención inmediata. Los conductores que atraviesan Zaragoza, Huesca o Teruel deben extremar la precaución: cada trayecto se convierte en una lotería.
Castilla-La Mancha y Galicia también destacan: el 59% de su red viaria se encuentra en estado crítico. En provincias como Toledo, Ciudad Real y Lugo, el asfalto ha perdido adherencia y los baches forman parte habitual del paisaje. Extremadura, Castilla y León, así como Andalucía, no se quedan atrás: entre el 54% y el 58% de sus carreteras necesitan una renovación completa. En Badajoz, León y Jaén, circular por la carretera recuerda a una carrera de obstáculos.
Brecha financiera
El déficit de inversión en infraestructuras viarias ha alcanzado los 13.500 millones de euros. Se trata de una cifra récord que evidencia el abandono sistemático del mantenimiento de las carreteras. Solo las vías gestionadas por el Estado requieren 4.700 millones de euros, mientras que las carreteras regionales y provinciales precisan aún más recursos: más de 8.700 millones. Cada año la situación empeora alrededor de un 8 %: sin inversiones a gran escala, la degradación solo se acelerará.
El asfalto desgastado prolonga la distancia de frenado, acelera el deterioro de neumáticos y la suspensión, y en algunas zonas ya ni siquiera el parcheo es suficiente: se necesita una reconstrucción total. Las regiones del interior del país sufren especialmente: para muchos residentes, es la única vía de acceso al trabajo, hospitales o escuelas. Como resultado, la red vial deja de ser solo un problema técnico para convertirse también en una cuestión social.
Doble rasero
El contraste entre regiones salta a la vista. En Madrid, Cantabria y La Rioja, la inversión necesaria no supera los 300 millones de euros y la calidad del firme es superior a la media. En el resto del país, los conductores se ven obligados a elegir entre su seguridad y la necesidad de circular por carreteras en mal estado. Este escenario genera desigualdad y alimenta el malestar entre la población.
Las señales y la señalización en muchos tramos prácticamente han desaparecido, lo que resulta especialmente peligroso de noche o con mal tiempo. Los conductores se quejan de la falta de advertencias y la baja visibilidad, lo que incrementa el riesgo de accidentes. Las provincias del interior, donde la densidad de población es menor, quedan aún más expuestas: para ellas, cada vía es una arteria vital.
Consecuencias para todos
El paso de un mantenimiento preventivo a uno tardío ha provocado que las intervenciones solo comiencen cuando la carretera es prácticamente intransitable. Esto no solo eleva los costes de rehabilitación, sino que multiplica considerablemente el riesgo de accidentes. Según Autobild, mientras se espera la reparación, el peligro de siniestros se dispara.
Quienes viajan por España ahora se ven obligados a planificar sus rutas con antelación y elegir trayectos menos peligrosos. Según la región, una carretera puede ser segura o convertirse en una verdadera trampa. Esta incertidumbre socava la confianza en el sistema y plantea serias dudas sobre el futuro de la infraestructura vial del país.
La Asociación Española de la Carretera (Asociación Española de la Carretera, AEC) es una organización clave dedicada al análisis del estado de la red vial y la elaboración de recomendaciones para las autoridades. Sus expertos realizan inspecciones periódicas, recopilan estadísticas sobre siniestralidad y desgaste del pavimento, y desarrollan propuestas para mejorar la situación. Gracias a su labor, tanto la opinión pública como los organismos estatales disponen de una visión objetiva de lo que sucede y pueden tomar decisiones basadas en datos reales.












