
La pregunta sobre por qué Vox gana cada vez más seguidores se ha convertido en una de las más delicadas para la sociedad española. La respuesta determinará no solo el futuro de las alianzas políticas, sino también el rumbo que tomará el país en los próximos años. El debate trasciende el Parlamento y afecta a millones de ciudadanos preocupados por los cambios en el clima político.
La atención se centra en la postura del presidente Pedro Sánchez, quien rechaza categóricamente las acusaciones de que su gobierno sea el responsable del auge de la ultraderecha. Según Sánchez, la responsabilidad recae sobre el Partido Popular (PP), al que culpa de no enfrentarse a los radicales y, además, de copiar cada vez más su discurso y estrategias. Por su parte, representantes del PP sostienen que son las políticas, las reformas y el estilo de gobierno actuales los que empujan a los votantes hacia Vox.
Durante la última sesión del Congreso, la tensión alcanzó su punto máximo. Sánchez pronunció un discurso contundente en el que culpó a la oposición de haberle «puesto la alfombra roja» a Vox y de emplear cada vez más consignas propias de la ultraderecha. Subrayó que, al contrario, su gabinete impulsa medidas que Vox rechaza frontalmente, como el combate al cambio climático y las políticas sociales. Sánchez insiste en que no se puede responsabilizar del ascenso de la ultraderecha a quien defiende de forma coherente el camino contrario.
Maniobras políticas
El líder del PP, Alberto Núñez Feijóo, no se apresura a asumir la responsabilidad por el éxito de Vox. Durante los debates, evitó responder de forma directa a las acusaciones, prefiriendo centrarse en las críticas al Gobierno y competir con Vox en la dureza de su discurso contra Sánchez. Esto dio la impresión de que PP y Vox se acercan cada vez más, especialmente en el contexto de las negociaciones para formar coaliciones en las regiones.
Cuando el líder de Vox, Santiago Abascal, subió a la tribuna, su intervención fue, como se esperaba, contundente. Volvió a apostar por los temas de migración y la llamada “sustitución poblacional”, acusando al Gobierno de querer legalizar a migrantes para asegurarse votos en el futuro. Este tipo de declaraciones encuentra eco en una parte del electorado, a pesar de que el proceso de nacionalización en España dura años y no puede alterar el equilibrio electoral de forma inmediata.
La importancia de entender las causas del auge de Vox quedó especialmente patente en las últimas elecciones. El miedo a la extrema derecha, según muchos analistas, movilizó a una parte significativa del electorado progresista, permitiendo a Sánchez conservar el poder. Sin embargo, los expertos consideran que este factor pierde fuerza y que el electorado de izquierdas ya no reacciona con tanta intensidad a la amenaza que representa Vox.
Retórica y comparaciones
Durante el debate en el parlamento, Sánchez criticó duramente los intentos de equiparar la colaboración de los socialistas con partidos de izquierda al pacto de la derecha con la ultraderecha. Recordó que, en la historia de España, los comunistas lucharon por la libertad y la democracia, no por la dictadura, y que compararlos con quienes aún justifican regímenes autoritarios es incorrecto. Según él, estas comparaciones forman parte de una estrategia para “blanquear” a la ultraderecha y disminuir la alerta social ante sus ideas.
El PP, por su parte, insiste en que la figura de Sánchez y su política favorecen el crecimiento de Vox. En repetidas ocasiones, Feijóo ha afirmado en sus intervenciones públicas que ambos, el gobierno y la ultraderecha, se retroalimentan, generando un clima de conflicto constante. Sin embargo, en esta ocasión en el Congreso no se produjo ningún enfrentamiento abierto entre los líderes del PP y Vox, lo que avivó aún más las sospechas sobre una posible aproximación entre ambas formaciones.
En este contexto, cabe recordar también la reciente y sonada polémica en España relacionada con la defensa pública de la democracia. En particular, periodistas y figuras públicas entablaron un intenso debate con Elon Musk tras sus declaraciones sobre Sánchez, reavivando así el debate sobre los límites del discurso político y la responsabilidad ante las consecuencias de las palabras.
Consecuencias para el país
Actualmente, el PP y Vox están negociando la formación de coaliciones en varias regiones, incluyendo Extremadura y Aragón, y posiblemente en Castilla y León y Andalucía. En los últimos días, Feijóo ha realizado varias declaraciones que muchos interpretan como una clara señal de disposición a colaborar con la ultraderecha. Esto aumenta la preocupación entre las fuerzas de izquierda de que, si baja la participación de los votantes progresistas, el país podría tener un gobierno en el que Vox jugaría un papel clave.
Sánchez, por su parte, sigue insistiendo en que su gobierno es el único muro real que separa a la ultraderecha del poder. Afirma que los votantes, al elegir entre el original (Vox) y la copia (PP), cada vez más se inclinan por los primeros si no perciben una alternativa clara. Al mismo tiempo, ironiza sobre sus adversarios, destacando su colaboración con activistas y grupos radicales, lo que, en su opinión, termina por borrar los límites entre la política tradicional y la ultraderecha.
En los últimos años, España se ha convertido en escenario de intensos cambios políticos, donde los partidos tradicionales se ven obligados a buscar nuevas estrategias para sobrevivir. El auge de los movimientos radicales no solo es visible aquí, sino en toda Europa. En la vecina Portugal y en Francia, la extrema derecha también consolida su posición, generando inquietud entre quienes defienden los valores democráticos. El aumento del apoyo a estos partidos suele ir acompañado de intensos debates sobre las causas de su éxito y sobre quién es responsable de ello. En España, esta discusión ha cobrado especial relevancia tras las recientes elecciones regionales y el continuo debate sobre el futuro del país.












