
Este año, los productores de cereales en España se encuentran bajo una fuerte presión económica que impacta directamente en el costo y la disponibilidad de los alimentos básicos. El aumento de los precios de los fertilizantes y el combustible, provocado por la inestabilidad en la región de Oriente Medio, ya influye en la planificación de los agricultores y podría provocar cambios significativos en el mercado alimentario español.
La situación se agrava porque precisamente ahora comienza una fase clave para la cosecha: en primavera se aplica el abono nitrogenado en los campos, un proceso imprescindible para obtener buena calidad. Esta temporada, los costes de los fertilizantes han subido casi un tercio y muchas explotaciones se ven obligadas a revisar sus compras ante el incremento de precios y problemas de suministro. Según la COAG, solo el trigo y la cebada ocupan en España más de 3,5 millones de hectáreas, y las principales regiones productoras —Castilla y León, Andalucía, Castilla-La Mancha y Aragón— son actualmente especialmente vulnerables a estos cambios.
Aumento de costes y nuevos riesgos
Los agricultores señalan que en algunas regiones los fertilizantes se adquirieron antes de que comenzara el conflicto, pero en otras las entregas sufren retrasos y los precios siguen subiendo. Esto obliga a muchos a reducir las dosis aplicadas o incluso a posponer el tratamiento, lo que puede afectar negativamente el rendimiento. Según russpain.com, el gasto en fertilizantes supone hasta el 15% de todos los costes de producción de cereales y el actual incremento de precios podría traducirse en pérdidas para numerosas explotaciones.
El impacto de estos cambios va mucho más allá del sector agrícola. El grano no solo se utiliza para producir pan y pasta, sino que también es un componente clave en la alimentación animal. El aumento en el coste del grano inevitablemente repercutirá en los precios de la carne, el pan y otros productos, afectando a todos los consumidores. Los agricultores advierten: si el Estado no compensa estos gastos adicionales, algunas explotaciones podrían dejar de operar.
Importaciones y especulación
Aunque España importa la mayor parte de su petróleo de países no afectados por el conflicto en el Estrecho de Ormuz, los precios del combustible han subido ante las expectativas y especulaciones del mercado. Los principales proveedores de petróleo —Estados Unidos, Nigeria y México— no usan rutas que pasen por la zona en conflicto, pero incluso una pequeña parte de las importaciones desde Arabia Saudí e Irak influye en la tendencia general de los precios. Según COAG, el actual encarecimiento del combustible no responde a una escasez real, sino a expectativas de nuevas perturbaciones.
En algunas regiones, como Rota, los agricultores mantienen la calma, aunque siguen atentos a la evolución de los acontecimientos. Muchos confían en que la liberación de reservas de petróleo anunciada por el gobierno ayude a estabilizar la situación, aunque por ahora el impacto sigue siendo incierto. Al mismo tiempo, los retrasos en la entrega de fertilizantes y el encarecimiento del combustible ya obligan a replantear los planes para la temporada.
Consecuencias para el mercado
Los expertos señalan que cualquier cambio en el coste de producción del grano se refleja rápidamente en el precio final para los consumidores. Si el precio de la materia prima sube 20 céntimos, en las estanterías puede traducirse en un aumento de un euro o más. Este efecto es especialmente notable en las industrias cárnica y panadera, donde el grano representa una parte importante del coste de producción.
La situación actual recuerda a los periodos de crisis de los últimos años, cuando factores externos —desde la guerra en Ucrania hasta la sequía— provocaron saltos de precios e interrupciones en el abastecimiento. Ahora los agricultores temen que, sin el apoyo estatal y la estabilización del mercado, parte de las explotaciones no logre superar la temporada y los consumidores enfrenten una nueva ola de inflación en los alimentos.
En los últimos años, la agricultura española ya ha enfrentado retos serios: sequías, subidas de precios de la energía y los fertilizantes, así como las consecuencias de conflictos internacionales, han provocado en varias ocasiones una reducción de las cosechas y un encarecimiento de los alimentos. En 2023, por ejemplo, la sequía de la primavera y el incremento del coste del combustible obligaron a muchas explotaciones a reducir la superficie de siembra. Los analistas advierten que estas crisis son cada vez más frecuentes y sus consecuencias se sienten cada vez más en la economía del país y en el bolsillo de los españoles.











