
En Cataluña estalló una polémica por el desalojo masivo de personas del antiguo edificio del instituto B9 en Badalona. El eurodiputado Jaume Asens presentó una denuncia ante la fiscalía contra el alcalde de la ciudad, Xavier García Albiol. En la denuncia se recogen hasta cuatro posibles delitos, entre ellos la incitación al odio y la discriminación hacia las personas desalojadas.
Según Asens, las acciones del alcalde pudieron ocasionar la denegación de servicios por motivos discriminatorios, así como ignorar órdenes judiciales y abusar de su cargo. El caso pone en el centro de atención la situación de 180 personas obligadas a abandonar el edificio, muchas de las cuales quedaron en situación de vulnerabilidad.
Respuesta de las autoridades
La consejera de Derechos Sociales e Inclusión del Govern catalán, Mònica Martínez Bravo, informó que 120 de los desalojados fueron alojados temporalmente en diferentes centros para evitar que pasaran la noche en la calle. Según explicó, a todas las personas vulnerables se les ofreció ayuda de emergencia, pero no todos aceptaron recibirla.
Martínez Bravo remarcó que las autoridades regionales y las organizaciones sociales han unido esfuerzos para encontrar alojamiento provisional a los afectados. Además, criticó la inacción del ayuntamiento de Badalona y recordó que todas las administraciones deben cumplir con sus responsabilidades, especialmente en situaciones de crisis.
Dificultades con el alojamiento
Según funcionarios, muchos de los desalojados se vieron obligados a buscar refugio bajo el puente de la carretera C-31, donde surgió un campamento improvisado de tiendas de campaña. Representantes de los servicios sociales y organizaciones benéficas intentaron conseguirles alojamiento temporal, pero se encontraron con diversos obstáculos.
La denuncia de Asens señala que la orden judicial de desalojo obligaba a proporcionar alojamiento alternativo conforme al protocolo municipal para personas sin hogar. Sin embargo, el alcalde reiteró en varias ocasiones que la ciudad no ofrecerá ni vivienda ni otros recursos para los desalojados, contradiciendo así los mandatos judiciales.
Presión y bloqueos
La situación se agravó cuando residentes locales bloquearon el acceso a algunos refugios para impedir la acogida de migrantes y otros desalojados. En particular, se cerró el principal centro municipal de alojamiento de emergencia, el antiguo refugio Can Bofí Vell, dejando a la ciudad sin infraestructura básica para asistir a quienes más lo necesitan.
El 21 de diciembre, un grupo de personas bloqueó la entrada a una iglesia parroquial para impedir que varios desalojados encontraran refugio temporal. El alcalde reiteró que no tenía intención de ofrecerles alojamiento. Durante estos incidentes, se pronunciaron comentarios xenófobos y ofensivos que, según los denunciantes, no fueron condenados por las autoridades municipales.
Episodios clave
En la denuncia se cita la frase del alcalde, pronunciada durante un encuentro con vecinos: «Denme tiempo, maldita sea, para intentar solucionar esto. Si no — hagan lo que consideren necesario». Según Asens, estas palabras podrían interpretarse como una aprobación tácita a la presión colectiva o incluso al uso de la fuerza.
Todo lo ocurrido fue documentado por los periodistas, quienes grabaron las reuniones y protestas en video. Este material podría convertirse en una prueba clave para evaluar las acciones de las autoridades municipales y la respuesta de la comunidad local ante el desalojo.











