
En pleno corazón de Madrid, en la famosa Gran Vía, se vive un conflicto entre una vecina mayor y los propietarios de un edificio histórico que buscan transformarlo en apartamentos de lujo para alquileres de corta duración. María de Orube Echeveste, de 82 años, lleva muchos años viviendo en ese piso. Tras el atentado en el aeropuerto de Barajas en 2006, quedó sorda y ahora se desplaza en silla de ruedas. A pesar de todo, María no piensa abandonar su hogar, donde ha pasado la mayor parte de su vida.
La situación se complica porque María cuenta con un contrato de alquiler de renta antigua, firmado por su abuela. Esto le otorga el derecho legal a permanecer en el piso, pese al cambio de propietarios. Sin embargo, los nuevos dueños, interesados en sacar el máximo beneficio, han comenzado a presionarla. Se realizan obras en el edificio sin permiso regularmente, obras que María no puede oír, pero que siente por las vibraciones en las paredes. Recientemente, instalaron un jacuzzi pesado justo encima de su salón, lo que genera preocupación por la seguridad de la estructura.
Desde 2020, la mayoría de los vecinos de María ya se han mudado y sus pisos se alquilan a visitantes por precios que van desde los 163 hasta los 628 euros por noche. El edificio no cuenta con licencia para actividad turística, pero esto no impide que los propietarios sigan con el negocio. Alegan que alquilan por cortos periodos y no a turistas, aprovechando vacíos legales en la normativa local. Recientemente, el Ayuntamiento de Madrid aprobó nuevas reglas que exigen que este tipo de apartamentos solo puedan ubicarse en edificios destinados específicamente a ese uso. Mientras María siga viviendo en su piso, los propietarios no pueden legalizar el negocio.
Presión e irregularidades: así resiste María
Desde principios de año, la situación de María se ha vuelto aún más complicada. Recibe mensajes de voz con amenazas y las obras se realizan sin los permisos requeridos ni informes técnicos. El propietario del edificio se niega a reparar la plataforma mecánica que María necesita para moverse en silla de ruedas entre plantas. El inmueble, construido en 1928 y protegido como bien de interés arquitectónico, está siendo sometido a reformas ilegales que podrían derivar en delitos contra el patrimonio histórico.
Políticos locales y activistas señalan que los grandes propietarios suelen aprovechar todo tipo de vacíos legales para desalojar a los antiguos inquilinos y transformar edificios enteros en alojamientos turísticos. María, a pesar de las amenazas y el constante estrés, decidió contar su situación para llamar la atención sobre el problema e intentar frenar, según sus palabras, unas prácticas que le recuerdan a las de la mafia.












