
En la región capital de España, ha surgido una nueva oleada de polémica por el sobrecalentamiento en los centros educativos. Tras las inspecciones realizadas en verano, se constató que la temperatura en las aulas supera de manera constante los límites permitidos. La Inspección de Trabajo ha exigido al departamento regional de educación que, en el menor plazo posible, elabore y ponga en marcha un plan para mejorar el clima interior en colegios y guarderías.
El problema no es nuevo: desde hace muchos años, los sindicatos y las familias alertan sobre el calor insoportable en las instalaciones donde estudian los niños. La situación se agravó especialmente a comienzos del verano, cuando, durante la primera ola de calor, un alumno de siete años tuvo que ser hospitalizado con síntomas de golpe de calor tras participar en una clase de educación física al sol. En aquel momento, el patio escolar no contaba con ninguna zona de sombra.
El sindicato Comisiones Obreras lleva ocho años denunciando graves deficiencias constructivas y la ausencia de sistemas de refrigeración en la mayoría de los centros educativos de la región. Pese a las repetidas solicitudes, las autoridades aún no han logrado garantizar condiciones seguras para alumnos y docentes. Este año, las quejas han llegado desde todas las delegaciones territoriales de educación y diferentes niveles de los centros escolares.
La Inspección de Trabajo ha vuelto a constatar que en varias escuelas la temperatura supera de manera sistemática los límites establecidos por el real decreto: para las clases ordinarias, se permiten valores entre 17 y 27 grados. El organismo insiste en la implantación inmediata de sistemas de aire acondicionado y aislamiento térmico, así como en la realización de evaluaciones periódicas de riesgos durante los meses más calurosos. Todos los resultados deberán incorporarse a un plan preventivo especial con plazos definidos, responsables asignados y recursos específicos.
Por primera vez en mucho tiempo, las autoridades de Madrid han reconocido oficialmente que el calor en los colegios supone un riesgo para la salud. Como respuesta, se inició la compra de aires acondicionados, aunque solo para las guarderías, y al finalizar el pasado curso escolar los equipos aún no habían llegado a las aulas. Pese a los avances positivos, la solución definitiva aún está lejos: cada verano, durante los días más calurosos, tanto alumnos como docentes siguen sufriendo por el exceso de calor. Los sindicatos consideran que las medidas actuales son apenas un primer paso hacia la creación de un entorno educativo seguro.












