
A solo diecisiete kilómetros de Logroño, en el pequeño enclave de Islallana, se esconde uno de los parajes naturales más impresionantes de La Rioja: Peña Bajenza. Los lugareños suelen llamar a Islallana «el pueblo de las tres mentiras», porque ni es isla, ni es llano, ni realmente es un pueblo. Sin embargo, es aquí donde se alza esta formación rocosa, que parece hecha a propósito para admirar los paisajes de la región.
Peña Bajenza forma parte de la sierra de Peñas de Viguera, donde durante siglos el viento y el agua han esculpido formas caprichosas. Desde la cumbre se aprecian panorámicas que abarcan los valles de los ríos Ebro e Iregua, las montañas de Cameros, y al fondo se adivinan las sierras de Toloño, Codes y Cantabria. No es de extrañar que este lugar sea conocido como el mirador secreto desde el que La Rioja se muestra en todo su esplendor.
El camino hacia Peña Bajenza no es excesivamente complicado, pero requiere cierta preparación física debido al desnivel. No se trata de un paseo por el parque, pero tampoco es una ruta extrema: es la opción perfecta para quienes desean disfrutar de la naturaleza sin alejarse demasiado de la ciudad. Es habitual acudir con perros, y los senderistas experimentados recomiendan llevar agua, algo de comida y, según la época, ropa de abrigo y bastones de trekking.
A lo largo del recorrido también hay un toque cultural: la pequeña ermita de San Marcos, construida en el lugar donde, según la tradición, aparecieron los santos Cosme y Damián. En primavera se celebra aquí una fiesta popular con comida tradicional, que reúne a vecinos y visitantes desde hace más de un siglo.
Los alrededores de Peña Bajenza sorprenden por la diversidad de su naturaleza. Al pie de las rocas crecen bosques de hayas, poco comunes para esta zona, donde normalmente predominan los matorrales mediterráneos. En las paredes verticales habitan buitres, y sus vuelos sobre los barrancos ofrecen un espectáculo aparte para los observadores.
Si quieres alargar la caminata, puedes tomar la antigua calzada romana que sigue el curso del Iregua, desde Logroño hasta Venta de Piqueras. Esta ruta permite no solo disfrutar del paisaje, sino también conectar con la historia de la región. Y para los más enérgicos, está el ascenso al cercano Pico de la Cruz, desde donde se contemplan vistas aún más impresionantes.
Peña Bajenza no es solo un destino para una breve escapada. Es un lugar único donde se percibe el espíritu de La Rioja: montañas, viñedos, pueblos y valles confluyen en un mismo paisaje. A pesar de su creciente popularidad, Peña Bajenza conserva un encanto especial: la sensación de descubrir algo realmente único a tan solo unos minutos de la capital regional.











