
En pleno corazón de la zona montañosa de Madrid se intensifica un conflicto que podría cambiar el destino de cientos de familias y de todo un barrio. El Banco de España ha anunciado su intención de renunciar al derecho de uso de un terreno que le fue otorgado a comienzos del siglo pasado. En este lugar, desde 1945, se levanta un imponente edificio que antes fue un asilo institucional, y a su alrededor, con los años, surgió un pequeño poblado con chalés, apartamentos y restaurantes.
La historia se remonta a 1920, cuando el Estado destinó el terreno para la construcción de infraestructuras ferroviarias. Más tarde, durante la época de Franco, aquí se estableció un asilo para empleados del Banco de España. En los años 50, cientos de trabajadores venían para descansar o pasar los fines de semana al aire libre. Con el tiempo, la zona se fue llenando de viviendas y comercios, que ahora se encuentran en el centro de una disputa legal.
Desde 2010, el antiguo asilo permanece cerrado y el edificio se deteriora poco a poco. A pesar de ello, el Banco de España se ve obligado a gastar decenas de miles de euros cada año en seguridad y mantenimiento mínimo. Ya en 2019 se debatió la posibilidad de derribar la construcción si era necesario devolver el terreno en su estado original. Sin embargo, por el momento solo se trata de la devolución de la parcela, no de la demolición de los edificios.
Las autoridades de Madrid y el municipio de Cercedilla se preparan para una larga batalla por el control de este valioso terreno. Alrededor de 900 propietarios han recibido notificaciones exigiendo desalojar sus viviendas y locales comerciales. Para muchos, esto ha sido una completa sorpresa, ya que se trata de decenas de chalés y cientos de apartamentos construidos bajo licencias antiguas. Ya se han presentado cientos de apelaciones y decenas de demandas, mientras las administraciones locales destinan millones de euros a asistencia legal. No se descarta que el conflicto llegue a las más altas instancias judiciales del país.
El proceso se aceleró tras la decisión de las autoridades regionales en otoño de 2024 de dar por finalizada una antigua concesión otorgada a la compañía ferroviaria. Desde entonces, la situación se ha ido tensando: los vecinos temen perder sus hogares, y los funcionarios insisten en recuperar el terreno para patrimonio público. El desarrollo de los acontecimientos aún es incierto, pero lo que está claro es que se avecinan largos meses de litigios y debates intensos.












