
En Castilla y León ha comenzado una ola de despidos entre los bomberos forestales que trabajan para empresas privadas contratadas por las autoridades regionales. Tras la temporada más dura de la historia de la autonomía —en la que el fuego costó la vida a cinco personas, incluidos dos bomberos, y arrasó más de 150.000 hectáreas—, cerca de dos mil profesionales han recibido la notificación de cese de sus contratos. En la región hay alrededor de cinco mil trabajadores en este sector, y una parte significativa de ellos ahora se ve obligada a buscar nuevas fuentes de ingresos.
Para muchos, esta no es la primera vez que enfrentan una situación similar: el trabajo estacional lleva tiempo siendo la norma y la estabilidad, la excepción. A la espera de nuevas convocatorias, que según estimaciones preliminares podrían llegar solo en 2026, las personas se ven obligadas a buscar soluciones. Algunos optan por prepararse para los exámenes estatales y así conseguir un puesto fijo, otros aceptan trabajos temporales y algunos están de baja médica.
En busca de una salida
En el sector profesional aumentan las demandas para crear una plantilla de bomberos durante todo el año, con el fin de mejorar la formación y garantizar una prevención eficaz. El joven especialista Alejandro García, de tan solo 25 años, estudia actualmente para bombero y espera superar el proceso selectivo para agente forestal en la administración regional. Sin embargo, las fechas exactas de los exámenes aún se desconocen y las perspectivas siguen siendo inciertas.
El veterano del servicio José Luis Fernández Campano, quien dedicó 26 años a la lucha contra los incendios forestales, se quedó sin trabajo ya en octubre. Confía en las promesas de las autoridades sobre una futura estabilización de la plantilla, pero hasta ahora no se han tomado medidas concretas. Según él, durante la temporada baja casi no hay trabajo y, en ocasiones, toca dedicarse al acondicionamiento de caminos forestales y otras tareas auxiliares.
Dificultades y decepciones
Los bomberos no ocultan su frustración: las condiciones laborales distan mucho de ser ideales y las promesas de los funcionarios suelen quedarse en papel mojado. Campano señala que muchos de sus compañeros se ven obligados a aceptar cualquier tipo de empleo ocasional para no quedarse sin ingresos. Aun así, algunos mantienen la esperanza de que la situación mejore y esperan nuevos anuncios de contratación.
Otro trabajador, Javier Galán, recibió la notificación de finalización de contrato justo cuando se preparaba para una operación de hernia. Denuncia que la aseguradora se negó a reconocer la enfermedad como profesional, sumando un problema más a una situación ya de por sí complicada.
La vida entre temporadas
Muchos intentan no perder el vínculo con la profesión y buscan empleos relacionados con el sector forestal. Un joven de Valladolid, de 24 años, participó este año por primera vez en la extinción de incendios. Ahora se prepara para los exámenes, consciente de que su contrato está a punto de finalizar, aunque aún no ha recibido la notificación oficial.
En general, para la mayoría de los bomberos sin contratos anuales, la temporada baja es un periodo de incertidumbre. Algunos estudian, otros trabajan temporalmente, y algunos simplemente esperan a ser llamados de nuevo al servicio. Todos confían en que la situación cambie y que la profesión llegue a ser más protegida y estable.
Exigencias al gobierno
Los bomberos de Castilla y León siguen insistiendo en la necesidad de crear un operativo estatal permanente. Consideran que solo así se garantizará una preparación efectiva para las temporadas de alto riesgo de incendios y unas condiciones laborales dignas para todos los trabajadores. Por ahora, el colectivo enfrenta inestabilidad, contratos temporales y falta de garantías de futuro.












