
Cuando el frescor otoñal desciende sobre las llanuras de Castilla y León, tiñendo el paisaje de tonos ardientes, los amantes de la naturaleza buscan rutas apartadas. Lejos del bullicio urbano se esconde un enclave montañoso único, donde la combinación de biodiversidad, árboles centenarios y una atmósfera casi mística ofrece experiencias inolvidables y la posibilidad de una conexión total con la naturaleza.
El mundo perdido de La Pedrosa
Este rincón sorprendente lleva el nombre de Hayedo de la Pedrosa y se encuentra en la provincia de Segovia. Está considerado como uno de los hayedos más meridionales del continente europeo. Perteneciente al municipio de Riofrío de Riaza y situado junto al pintoresco puerto de montaña de Puerto de la Quesera, este bosque ocupa unas 87 hectáreas y crece a una altitud entre 1.500 y 1.700 metros sobre el nivel del mar, lo que le otorga un microclima y un aspecto únicos.
Las hayas de este lugar son auténticas obras de arte creadas por la propia naturaleza. Sus troncos, retorcidos caprichosamente por años de lucha contra los elementos y recubiertos por un musgo verde aterciopelado, evocan escenarios de cuentos mágicos. En otoño, cuando el follaje pasa del verde verano a tonos dorados, naranjas y cobrizos, el bosque se transforma en un lugar de ensueño, bañado por una luz suave y cálida.
Un tesoro ecológico protegido
Además de su sorprendente belleza, el bosque de La Pedrosa destaca por la excepcional conservación de su ecosistema. Esta circunstancia ha sido la razón de su inclusión en la prestigiosa red de espacios protegidos Natura 2000, lo que confirma su alto valor ecológico para toda la región. En su sombra conviven árboles centenarios que han sabido adaptarse a condiciones difíciles: pendientes abruptas y un clima montañoso cambiante.
Bajo las copas gigantescas se extiende un denso sotobosque de brezo, arbustos de arándano y una gran variedad de hierbas que juntos forman una alfombra viva y palpitante. La fuerza vital de este singular biotopo la otorga el río Riasa, que nace en estas mismas laderas. Sus aguas alimentan el suelo con la humedad indispensable para mantener el delicado equilibrio natural, y su suave murmullo crea el escenario perfecto para un paseo meditativo.
Consejos para un viaje perfecto
Desde los numerosos senderos que atraviesan el bosque se disfrutan espectaculares vistas panorámicas del valle del río Riasa, su pintoresco embalse y las pequeñas aldeas situadas en la lejanía. Por eso, La Pedrosa se ha convertido en un auténtico paraíso para excursionistas y fotógrafos. No obstante, al planificar la visita conviene tener en cuenta un dato importante: el aparcamiento en el puerto es muy limitado.
En plena temporada otoñal, especialmente los fines de semana y días festivos, es casi imposible encontrar un lugar libre. Para evitar decepciones, los viajeros experimentados recomiendan llegar temprano por la mañana o dejar el coche en el pueblo de Riofrío y hacer el resto del camino al bosque a pie, lo que en sí mismo resulta en un agradable paseo. No te pierdas la subida al mirador del puerto de La Quesera: desde allí se obtiene la mejor vista de todo el macizo y las montañas que lo rodean.












