
En la periferia noroeste de Málaga, entre el cementerio, un antiguo vertedero y los talleres del metro, se esconde un barrio que rara vez aparece en las guías turísticas. Los Asperones no es simplemente un asentamiento temporal, sino un lugar donde el tiempo parece haberse detenido. No hay tiendas, ni parques infantiles ni alumbrado público, y las casas se asemejan más a chabolas que a viviendas. Hace casi cuarenta años, las autoridades prometieron que la estancia aquí no superaría los cinco años. Sin embargo, para más de mil personas, esta dirección ‘provisional’ se ha convertido en una trampa de por vida.
Desde sus orígenes, Los Asperones fue concebido como un refugio temporal para familias afectadas por las inundaciones de 1989. Se construyeron 175 viviendas en tres zonas, pero con el tiempo el barrio se convirtió en símbolo de pobreza crónica y aislamiento social. A lo largo de estos años, ninguno de los numerosos proyectos para erradicar el asentamiento llegó a materializarse. Las autoridades encargaban nuevos estudios una y otra vez, pero los cambios reales nunca llegaban a Los Asperones. Los vecinos se han acostumbrado a vivir en condiciones que muchos considerarían inaceptables: hacinamiento, pobreza, falta de servicios básicos y el estigma permanente de considerarse un ‘gueto’.
Callejón social sin salida
Los problemas del barrio han sido recurrentemente señalados en los informes del Defensor del Pueblo de Andalucía e incluso en documentos de la ONU. Estos informes denuncian violaciones de derechos humanos, falta de acceso a la educación, la sanidad y el empleo. En 2020, el relator especial de la ONU sobre la pobreza extrema calificó las condiciones de vida en Los Asperones como “catastróficas”. Aquí vive principalmente población de etnia gitana y la mayoría de las familias no logra romper el círculo de pobreza durante años.
El último análisis encargado por las autoridades andaluzas en 2024 revela que la situación ha cambiado muy poco. El desempleo en el barrio alcanza el 82% y una cuarta parte de los residentes depende de ayudas estatales. Un tercio de la población son menores de 16 años, pero solo dos adolescentes estudian en bachillerato o en la universidad. Las mujeres representan la gran mayoría de los beneficiarios del ingreso mínimo, lo que indica una feminización de la pobreza. Uno de cada ocho habitantes padece trastornos mentales, siendo la ansiedad y la depresión los más comunes. Las enfermedades crónicas más frecuentes son la diabetes y el asma, asociadas a la exposición constante al humo generado por la quema de neumáticos y chatarra. Los problemas de adicción afectan al 3% de la población.
Vivienda e infraestructuras
Casi tres cuartas partes de las edificaciones en Los Asperones han sido declaradas inhabitables. La situación es especialmente grave en las llamadas “habitaciones improvisadas”, construidas por los propios vecinos con materiales precarios. Más de la mitad de las familias se ven obligadas a vivir en estas condiciones, sin calefacción adecuada ni suministro de agua corriente. El agua y la electricidad llegan de manera intermitente, y el centro de salud más cercano está a casi tres kilómetros. Solo un autobús conecta el barrio con la ciudad, ya que el metro no llega hasta aquí. Aunque a su alrededor se levantan nuevas urbanizaciones y el campus universitario sigue creciendo, Los Asperones permanece aislado del resto de la ciudad.
Los investigadores definen el barrio como una “isla” desconectada del mundo que lo rodea. La exclusión social y el estigma agravan aún más la situación de sus habitantes, dificultando su integración en la vida urbana. Muchos ya están cansados de escuchar las promesas oficiales de un inminente realojo. Tras décadas de espera, la esperanza en un cambio real prácticamente ha desaparecido.
Planes de realojo
En 2025, las autoridades de Andalucía y Málaga reiteraron su intención de reubicar a los habitantes de Los Asperones. Para ello, el barrio fue declarado oficialmente como una “zona degradada”, lo que permite acceder a subvenciones estatales. Según las nuevas normativas, cada familia realojada recibirá hasta 5 000 euros al año durante cinco años, además del financiamiento de hasta el 80% del coste de demolición de las antiguas edificaciones. Para la compra o construcción de una nueva vivienda se pueden obtener hasta 50 000 euros, y para reformas hasta 15 000 euros. Las autoridades solicitan al gobierno central que se sume a la financiación del programa.
Sin embargo, incluso los propios funcionarios admiten que no se deben esperar soluciones rápidas. El proceso de reubicación será paulatino y, según palabras de representantes de la administración, “discreto”. Prometen informar sobre los resultados solo cuando todo esté terminado. Los expertos aconsejan no sacar conclusiones apresuradas y esperar acciones concretas por parte de las autoridades.
Una vida en pausa
Casi el 90% de los adultos que viven en Los Asperones sueñan con dejar el barrio y empezar una nueva vida en condiciones dignas. Pero la reubicación no es solo un cambio de dirección. La mayoría de las familias necesitará apoyo y acompañamiento en su proceso de integración. Más del 80% está dispuesto a participar en programas sociales, pero dos tercios requieren ayuda al menos durante seis meses, y algunos necesitan un respaldo integral debido a su profunda exclusión social.
Por ahora, Los Asperones sigue siendo un lugar donde el tiempo parece haberse detenido. El barrio lleva casi cuarenta años esperando un cambio, y sus habitantes aún confían en que algún día podrán romper el círculo de pobreza y exclusión.












