
En el sistema de salud de Madrid, casi todas las compras públicas se realizan mediante un procedimiento simplificado, sin concurso abierto. Según datos de una organización civil, en los últimos años el 99,5% de los contratos en la consejería regional de Sanidad se han formalizado como los denominados “contratos menores”. Esto permite a los funcionarios elegir directamente a los proveedores, eludiendo los procedimientos estándar y la competencia entre empresas.
La ley permite este método solo para cantidades pequeñas, con el objetivo de agilizar el funcionamiento de hospitales y escuelas. Sin embargo, en la práctica, las limitaciones a menudo se ignoran. Los contratos se fraccionan para no superar los límites y se tramitan como operaciones independientes. Como resultado, millones de euros se gastan sin transparencia y las sospechas de corrupción no hacen más que aumentar.
Millones sin control
Entre 2016 y 2020, la consejería de Sanidad de Madrid gastó más de 4.000 millones de euros en este tipo de contratos. Según expertos, la falta de competencia provoca sobrecostes de aproximadamente una cuarta parte del precio original. Solo en cinco años, los habitantes de la región podrían haber ahorrado unos 818 millones de euros, cantidad suficiente para decenas de nuevos centros de salud o miles de puestos de trabajo para médicos.
Entre los beneficiarios de los contratos se encuentran tanto grandes corporaciones internacionales como pequeñas empresas locales. Por ejemplo, una pequeña compañía de Vallecas recibió en diez años más de mil quinientos encargos de reparación y mantenimiento de uno de los hospitales más grandes de Madrid. El importe total asciende a casi cinco millones de euros. En esa misma institución, en un solo año se firmaron más de 44 mil contratos similares.
A quién beneficia
Entre los principales beneficiarios destacan grandes multinacionales farmacéuticas y tecnológicas. Una de las empresas suizas líderes firmó en 2020 cerca de cinco mil contratos por un valor aproximado de 30 millones de euros. Una compañía alemana suministró ese mismo año equipamiento de laboratorio por un millón y medio, dividiendo los envíos en cientos de pequeñas transacciones. Un fabricante estadounidense de productos médicos formalizó en el mismo periodo más de 350 contratos por una cifra similar.
Según los activistas sociales, este esquema permite eludir los requisitos de transparencia y competencia. Si una empresa recibe decenas de encargos por un mismo producto, pero cada vez por una cantidad pequeña, esto puede indicar una fragmentación deliberada de las grandes compras.
Reclamaciones sin resultado
Las organizaciones civiles llevan varios años intentando llamar la atención sobre el problema. Las denuncias se han presentado ante la fiscalía, organismos anticorrupción y servicios de auditoría nacionales y regionales. Sin embargo, hasta ahora no se ha logrado iniciar ninguna investigación ni cambios. Representantes de la sociedad señalan que los funcionarios exigen pruebas directas de sobornos, mientras que a otros reclamos simplemente no responden.
Una situación similar se ha observado en otras regiones del país. En Andalucía, tras la publicación de un informe sobre violaciones masivas en la adjudicación de pequeños contratos, el responsable del órgano de control fue destituido. En Madrid, a pesar de montos multimillonarios e indicios claros de irregularidades, las autoridades aún no han reaccionado.
Nuevas iniciativas
La organización social planea entregar el informe más reciente al organismo estatal independiente encargado de supervisar las compras públicas. Los activistas no descartan acudir a los tribunales e incluso a instancias europeas. Afirman que analizar cientos de miles de contratos cada año es extremadamente difícil, especialmente para un pequeño grupo de entusiastas. No obstante, están decididos a seguir luchando por la transparencia y la integridad en la distribución de fondos públicos.











