
Cataluña enfrenta una auténtica crisis de transporte: la red ferroviaria Rodalies vuelve a estar en el centro de la polémica debido a importantes interrupciones y caos. Desde temprano este sábado, miles de pasajeros se han visto afectados por cancelaciones, retrasos y confusión en los horarios. Los comunicados oficiales de Renfe, Adif y el gobierno de Cataluña (Generalitat) solo han aumentado la confusión: algunos anunciaron la suspensión total del servicio, mientras que otros hablaban de una recuperación parcial pero con fuertes restricciones. Como resultado, la mayoría de las líneas de Rodalies sufrieron graves incidencias, y solo cuatro rutas —R2, R8, R16 y R17— funcionaron sin alteraciones.
El origen de los nuevos trastornos fue una inspección de emergencia en toda la infraestructura tras una serie de incidentes, incluido el trágico accidente de esta semana en el que el derrumbe de un muro causó la muerte de un maquinista y dejó decenas de heridos. El temor a nuevos desprendimientos y daños obligó a las autoridades a realizar una revisión geotécnica extraordinaria, lo que desembocó en cancelaciones masivas de trenes y la puesta en marcha de rutas alternativas de autobús. Los pasajeros quedaron totalmente desinformados: algunas estaciones cerraron, otras funcionaban con restricciones y los avisos sobre la situación cambiaban casi cada hora.
Protestas de los maquinistas
En medio del colapso del transporte, los maquinistas de Rodalies expresaron abiertamente su descontento. El viernes por la tarde, varias decenas de empleados se concentraron en la estación principal de Barcelona — Sants, para denunciar públicamente el estado crítico de las vías ferroviarias. Acusaron a la dirección de Renfe, Adif y a las autoridades regionales de intentar reanudar el servicio a pesar de las evidentes amenazas para la seguridad. Según los maquinistas, muchos tramos de las vías necesitan reparaciones desde hace tiempo, y los incidentes recientes solo confirmaron sus temores.
La indignación aumentó especialmente tras el último derrumbe en la línea R1, una de las más transitadas de la región, cuando aparecieron mensajes sobre la reanudación del servicio casi de inmediato, aunque los riesgos para pasajeros y personal seguían presentes. Las protestas de los maquinistas estuvieron acompañadas de exigencias de realizar una revisión completa de la infraestructura y prohibir la operación en los tramos peligrosos hasta eliminar todas las amenazas.
Rutas alternativas
Debido a las inspecciones en curso y al mal tiempo que agravó aún más la situación, Renfe se vio obligada a organizar rutas de autobús temporales en los trayectos más afectados. Así, en la línea R1 entre Blanes y Maçanet de la Selva, los trenes fueron sustituidos por autobuses, mientras que en otros tramos el servicio quedó limitado a dos trenes por hora en cada sentido. En la línea R2 Sud, los pasajeros eran transportados en autobús entre Castelldefels y Garraf.
La línea R3 quedó parcialmente paralizada: entre Fabra i Puig y Ribes de Freser circularon autobuses, y el tramo hasta Puigcerdà se cerró completamente debido a las condiciones meteorológicas. En la línea R4, el transporte alternativo garantizaba la conexión entre Manresa y Terrassa, así como entre Martorell Centre y Sant Sadurní d’Anoia. Entre Sant Vicenç de Calders y Sant Sadurní d’Anoia, los trenes solo pasaban una vez por hora.
Reacciones de los pasajeros
Los usuarios de Rodalies se encontraron en el epicentro del caos del transporte. Muchos se quejaron de la falta de información, cancelaciones imprevistas y la imposibilidad de llegar al trabajo o regresar a casa. Las redes sociales se llenaron de fotos de andenes abarrotados, colas frente a los autobuses y personas desorientadas sin saber cuándo ni cómo podrían continuar su trayecto. Algunos señalaron que los mensajes de los distintos organismos eran contradictorios y las líneas de atención no daban abasto ante la avalancha de llamadas.
La situación se vivió con especial gravedad en las rutas regionales: entre Figueres y Portbou, Sant Vicenç de Calders y Lleida, así como entre Reus y Riba-roja, los trenes fueron sustituidos por autobuses debido a obras de mantenimiento y catástrofes meteorológicas. Como consecuencia, miles de catalanes quedaron desconectados de sus rutas habituales y el sistema de transporte de la región estuvo al borde del colapso.
Las autoridades bajo presión
Las autoridades de Cataluña y los representantes de las compañías ferroviarias han sido objeto de duras críticas. La decisión de realizar inspecciones extraordinarias se tomó tras una reunión de urgencia entre todas las partes implicadas; sin embargo, la falta de coordinación clara y de información transparente no hizo más que aumentar el descontento. Los maquinistas siguen insistiendo en la necesidad de una reforma integral y modernización de todo el sistema, mientras que los pasajeros exigen que se restablezca la estabilidad y la seguridad en el ferrocarril.
Mientras tanto, las lluvias continúan en Cataluña y los ingenieros geotécnicos inspeccionan minuciosamente las vías, por lo que los habitantes de la región se ven obligados a buscar alternativas de movilidad y a esperar que el caos en el transporte no se prolongue durante semanas. La situación sigue siendo tensa, y cada nuevo día depara nuevas sorpresas para todos los involucrados en este auténtico thriller ferroviario.












