
Escuchar obras musicales no solo provoca movimientos habituales, como balancear la cabeza o golpear el pie, sino que también afecta reacciones automáticas del organismo. Un nuevo estudio ha demostrado que incluso el parpadeo puede ajustarse al ritmo de una melodía, aunque este proceso suele considerarse completamente involuntario.
En el experimento participaron más de cien voluntarios sin formación musical. Se les ofreció escuchar fragmentos de corales de Johann Sebastian Bach, caracterizados por una estructura rítmica clara. Durante la escucha, los participantes llevaban sensores especiales que registraban la actividad cerebral y los movimientos oculares.
Los resultados sorprendieron a los investigadores: los momentos en que los sujetos parpadeaban coincidían con los tiempos fuertes del compás musical. Al mismo tiempo, la actividad cerebral se sincronizaba con el tempo de la obra. Para comprobar la influencia del reconocimiento de la melodía, los científicos utilizaron grabaciones reproducidas al revés y también reemplazaron los instrumentos musicales por señales sonoras simples. El efecto de sincronización se mantenía en todos los casos.
El análisis de los datos mostró que el cerebro reacciona justamente a la organización temporal del sonido, y no al conocimiento previo de la composición ni a su armonía. Sin embargo, la sincronización desaparecía si el tempo se volvía demasiado rápido, superando un determinado rango.
Un escaneo cerebral adicional mediante resonancia magnética por difusión permitió identificar diferencias individuales. Se descubrió que la precisión con la que el parpadeo coincidía con el ritmo dependía del estado de la sustancia blanca en el hemisferio izquierdo, concretamente del desarrollo del fascículo longitudinal superior, que conecta las áreas auditivas y parietales. Cuanto más desarrollado está este haz de fibras, más precisamente una persona parpadea al compás de la música.
En la fase final del experimento, se pidió a los participantes que buscaran al mismo tiempo un punto rojo en la pantalla. Cuando la atención se dirigía a esta tarea visual, la sincronización del parpadeo con el ritmo desaparecía. Esto confirmó que el efecto requiere una concentración de fondo en el sonido.
Quienes parpadeaban con mayor precisión al ritmo detectaban más rápido los errores en las pruebas musicales. Así, el parpadeo puede ser un indicador externo de hasta qué punto el cerebro está sintonizado para percibir la información sonora.
Este descubrimiento abre nuevas perspectivas para diagnosticar alteraciones en la percepción rítmica en personas con problemas del habla o motricidad. Este método no requiere acciones activas por parte del paciente y puede convertirse en una herramienta objetiva para los médicos.












