
En el marco de una investigación de gran escala realizada en 2025, especialistas españoles centraron su atención en los restos de soldados caídos durante la famosa campaña de Napoleón en Rusia. Para el análisis, se seleccionaron dientes de trece militares hallados en una fosa común en el territorio de Vilna. Los métodos modernos permitieron extraer y descifrar fragmentos de ADN preservados en los tejidos después de más de dos siglos.
Los resultados fueron inesperados: en cada una de las muestras se detectaron rastros de dos bacterias peligrosas. Se trata del agente causante de la fiebre recurrente (borrelia recurrentis) y de la bacteria responsable del paratifo tipo C (salmonella enterica paratyphi C). Ambos microorganismos pueden transmitirse a través de parásitos como los piojos, algo habitual entre los soldados dadas las duras condiciones de la campaña y la falta de higiene básica.
Resulta interesante que en las crónicas históricas de la época apenas se mencionan brotes de fiebre tifoidea entre las tropas napoleónicas. Sin embargo, los científicos consideran que los síntomas de la enfermedad podían ser tan variados y poco evidentes que simplemente no los asociaban con una infección concreta. Como consecuencia, una epidemia provocada por estas bacterias pudo haber pasado desapercibida, pero haber jugado un papel fatal en el desenlace de la campaña militar.
Un hallazgo de investigadores españoles arroja luz sobre uno de los capítulos más enigmáticos de la historia europea. Ahora queda claro que no solo el frío y el hambre, sino también enemigos invisibles como las infecciones, pudieron causar la muerte de miles de soldados. Esta investigación no solo cambia la percepción de los acontecimientos de 1812, sino que también resalta la importancia de las tecnologías modernas en el estudio del pasado.











