
El destino de los objetos personales de destacados artistas suele ser motivo de disputas y búsquedas, pero en España estos hallazgos adquieren un significado especial. En el museo catalán MNAC, tras casi un siglo, se encontraron cinco hojas de laurel que adornaron la cabeza de Marià Fortuny en sus últimas horas. Este descubrimiento no solo renueva el interés en una de las figuras más emblemáticas de la pintura española del siglo XIX, sino que también plantea interrogantes sobre la conservación del patrimonio cultural del país.
Las hojas de laurel, preservadas en perfecto estado, permanecieron entre los documentos de la colección de Ròmul Bosch i Catarineu desde 1934. Fueron cuidadosamente guardadas en una carpeta de dibujos con una nota que indicaba su origen: este laurel coronó a Fortuny en su lecho de muerte en Roma en noviembre de 1874. Según recoge El Pais, estas reliquias quedaron en el olvido tras la desaparición de parte de la colección durante la Guerra Civil, cuando muchas obras y documentos se perdieron o acabaron en manos privadas.
Los últimos días de Fortuny
La muerte de Marià Fortuny conmocionó al mundo artístico europeo. Amigos y colegas acudieron a su casa romana, Villa Martinori, para despedirse del maestro. Algunos, como el escultor Jerónimo Suñol, moldearon la mascarilla mortuoria y el yeso de la mano del pintor; otros, como el artista José Villegas, relataron detalles del funeral en sus cartas. Según sus recuerdos, la corona de laurel fue trenzada con ramas cortadas del propio jardín de Fortuny, y es la misma que aparece en la única fotografía conocida del pintor en su lecho de muerte.
Esta fotografía, publicada en diciembre de 1874 en la revista La Ilustración española y americana, se convirtió en símbolo de despedida de Fortuny. Tras el funeral, una parte del laurel y un mechón del cabello del artista fueron repartidos entre amigos íntimos y colegas. Sin embargo, el destino de estas reliquias permaneció desconocido durante mucho tiempo y la propia fotografía desapareció de las colecciones museísticas durante la guerra, sin haber sido hallada hasta hoy.
Reliquias perdidas y recuperadas
La Colección Bosch i Catarineu, que incluía más de 2.600 obras, ingresó al museo como aval para un crédito de las empresas textiles Bosch. No solo contenía dibujos y grabados, sino también piezas únicas relacionadas con Fortuny, como la mencionada fotografía y hojas de laurel. En 1938, el álbum con estos materiales fue retirado para la preparación de una monografía, pero tras la guerra se perdió su rastro. En 1942, el museo publicó una lista de obras perdidas y pidió a los habitantes de Cataluña que ayudaran a recuperar las piezas desaparecidas. Como resultado, se logró reunir parte de los dibujos, pero ni la fotografía ni la rama de laurel fueron recuperadas.
Solo décadas después se supo que las hojas de laurel habían permanecido todo ese tiempo en el archivo del museo, olvidadas por la pérdida del número de inventario tras la desaparición de la fotografía. Su hallazgo fue posible gracias al trabajo minucioso de los investigadores y el personal del MNAC, que continúan estudiando los fondos archivísticos. Según RUSSPAIN.COM, estos descubrimientos subrayan la importancia del trabajo sistemático con las colecciones y archivos museísticos, especialmente para la recuperación de la memoria histórica.
Importancia para la cultura catalana
Expertos señalan que la reaparición de las hojas de laurel en el ámbito científico no solo enriquece la biografía de Fortuny, sino que también permite una nueva mirada a los procesos de preservación del patrimonio cultural en España. El responsable de colecciones del MNAC, Eduard Vallès, destaca que el archivo del museo guarda no solo obras maestras de la pintura, sino también objetos que revelan el lado cotidiano de la vida de los artistas. Entre ellos se encuentran la paleta de Fortuny, cartas personales y, ahora, la ya célebre rama de laurel.
En 2007, expertos en restauración del MNAC realizaron la conservación de las hojas, colocándolas bajo una capa protectora de acetato. No obstante, el laurel siguió en el olvido entre los documentos del museo hasta que fue redescubierto por investigadores. Esta historia recuerda lo fácil que es que artefactos únicos pasen desapercibidos incluso en las instituciones culturales más importantes del país.
Contexto y paralelismos
En los últimos años, los museos catalanes se han convertido cada vez más en escenario de hallazgos inesperados relacionados con la historia del arte y la vida de artistas. Por ejemplo, un reciente estreno teatral en Barcelona despertó interés por capítulos poco conocidos del pasado, y la obra sobre la vida de Adrià dio pie a debates sobre el papel de la memoria en la cultura regional. Este tipo de acontecimientos pone de manifiesto que los archivos y colecciones pueden custodiar no solo obras de arte, sino también claves para comprender épocas enteras.
En los últimos años, en España se han hallado en varias ocasiones reliquias olvidadas vinculadas a figuras destacadas. Así, en 2024, en uno de los museos de Madrid, se descubrió un manuscrito considerado perdido desde el siglo XIX. En Barcelona, en 2025, restauradores encontraron fragmentos de un antiguo fresco ocultos tras una pared de una galería. Estos casos demuestran que, incluso décadas después, los archivos aún pueden deparar sorpresas que transforman la visión sobre el pasado del país.












