
En el convento de Orduña se llevó a cabo por la mañana una operación inusual: agentes de la Guardia Civil, por orden judicial, entraron en el edificio para trasladar a cinco monjas ancianas. Algunas de ellas solo podían desplazarse en silla de ruedas. Las mujeres fueron llevadas al hospital de Basurto en Bilbao para un examen médico y posteriormente está previsto reubicarlas en otros conventos de la orden de las Clarisas.
La decisión de intervenir fue tomada por el juzgado de Bilbao, que ordenó garantizar la seguridad y la salud de las religiosas mayores. Acompañados por representantes judiciales y un médico forense, los agentes de la Guardia Civil accedieron al convento donde residían monjas previamente trasladadas desde Belorado (Burgos). Varias de ellas padecen enfermedades crónicas y requieren cuidados especiales.
Motivos de la intervención
La Archidiócesis de Burgos explicó que el traslado de las mujeres mayores y enfermas de Belorado a Orduña fue una decisión arriesgada. El nuevo convento no está adaptado para personas con movilidad reducida ni puede brindarles la atención necesaria. Esta circunstancia motivó la presentación del caso en el juzgado y la posterior intervención de las autoridades.
Durante varios meses, la situación en torno al convento se mantuvo tensa. Representantes de la orden y autoridades eclesiásticas expresaron su preocupación por el estado de salud de las religiosas mayores. Tras numerosos intentos de llegar a un acuerdo pacífico, se decidió proceder a la salida forzosa de las mujeres en aras de su seguridad.
Procesos judiciales
El proceso judicial sigue en curso. La cuestión sobre el derecho de residencia en los conventos para las exclarisas permanece abierta. La Archidiócesis insiste en que aquellas mujeres que han renunciado a los dogmas y tradiciones de la orden no pueden permanecer en los conventos. Por su parte, las monjas intentan impugnar esta decisión ante los tribunales para evitar el desalojo.
Mientras la justicia resuelve el caso, el destino del resto de las hermanas continúa siendo incierto. Cinco mujeres mayores que fueron trasladadas del convento serán ubicadas, tras un examen médico, en otros monasterios de la Federación de clarisas «Nuestra Señora de Aránzazu», donde se les garantiza atención y cuidado digno.
Reacción de la Iglesia y la sociedad
En los círculos eclesiásticos se respaldaron las acciones de las autoridades, resaltando que el cuidado de las hermanas mayores y enfermas es una prioridad tanto para la orden como para toda la Iglesia católica. Representantes de la Archidiócesis consideran que trasladar a las mujeres a condiciones inadecuadas fue una decisión irresponsable por parte de las exclarisas.
La operación para trasladar a las monjas fue el tercer intento de las autoridades por intervenir en la situación. Anteriormente, otras religiosas intentaron impedir el traslado de las mujeres mayores, pero esta vez, una orden judicial permitió que la operación se realizara sin incidentes. Las mujeres fueron acompañadas al hospital en cinco ambulancias separadas para garantizar el máximo confort y seguridad.
Próximos pasos
Tras el examen médico en el hospital de Basurto, los especialistas determinarán qué tipo de atención requiere cada una de las mujeres. Posteriormente, serán trasladadas a conventos que cuenten con las condiciones necesarias para el alojamiento de personas mayores y enfermas. Una comisión especial designada por las autoridades eclesiásticas supervisará su situación en adelante.
Mientras tanto, continúan los litigios entre las exclarisas y la Archidiócesis. Las mujeres insisten en su derecho a permanecer en los conventos, a pesar de las discrepancias sobre cuestiones de fe y el reglamento de la orden. La decisión final sobre este asunto será tomada por el tribunal de Briviesca (Burgos).











