
Este año, Alcalá de Henares celebra una fecha importante: 500 años desde que se documentaron por primera vez los desfiles de gigantes por las calles de la ciudad. Estas enormes figuras, que se han convertido en una parte esencial de las festividades locales, han recorrido un largo camino desde las procesiones religiosas hasta las actuales celebraciones urbanas.
Las primeras menciones de gigantes en Alcalá datan de 1525, cuando participaron en la procesión del Corpus Christi y en la recepción de la reina Isabel, esposa de Carlos V. En aquel entonces, los gigantes desfilaban junto a la tarasca, un dragón mitológico que en cada ciudad tenía sus propias características. Alcalá presume de tener una de las tarascas más antiguas de España, solo superada por la de Toledo.
En los siglos XVI y XVII, las autoridades municipales encargaban nuevas figuras para los desfiles. En 1651 aparecieron cuatro gigantes: dos parejas de reyes que representaban a Europa y el Imperio Otomano. Más tarde se añadieron dos figuras más que simbolizaban a representantes de África. Junto a ellos desfilaba la “gigantilla”, una versión reducida del gigante que recuerda a los actuales “cabezudos”.
Durante mucho tiempo, los gigantes fueron una parte inseparable de las festividades religiosas, simbolizando la aceptación de la fe cristiana en todo el mundo. Sin embargo, en 1780, el rey Carlos III prohibió su participación en las procesiones al considerar que estos elementos no eran apropiados para las celebraciones eclesiásticas. Tras esta decisión, los desfiles de gigantes desaparecieron de las fiestas religiosas y la tradición comenzó a decaer.
En el siglo XIX, los gigantes regresaron a las calles, pero ya como parte de celebraciones populares y laicas. En Alcalá de Henares, volvieron a utilizarse en 1902, aunque esta vez los protagonistas fueron personajes de la novela de Cervantes: Don Quijote y Sancho Panza. A ellos se unió un tercer gigante, conocido como el «negraso». Esta composición se mantuvo hasta 1935, cuando las autoridades locales consideraron que transformar a los héroes literarios en gigantes era una falta de respeto.
Con el inicio de la Guerra Civil, las celebraciones se interrumpieron y, tras su finalización, los gigantes reaparecieron en las calles. Don Quijote, al parecer, se perdió, y Sancho Panza fue reinterpretado como el «gitano», un personaje popular en las fiestas locales. Posteriormente, se añadieron nuevas figuras, entre ellas la «gitana» e «Inés la lotera», una conocida vecina de la ciudad que aceptó la creación de su gigante con la condición de que no bailara y desapareciera tras su muerte.
En 1974, la tradición recibió un nuevo impulso: se encargaron nuevas figuras al reconocido maestro Salvador Guaita. Se incorporaron versiones renovadas de Don Quijote, Sancho Panza, Dulcinea, Bachiller y dos duques. Más tarde, se sumaron otros personajes relacionados con la historia y la cultura local.
A finales de los años noventa, la ciudad intentó formar la mayor colección de gigantes de España, pero se enfrentó a la falta de recursos para su mantenimiento y restauración. Algunas de las nuevas figuras no se utilizaron por falta de consentimiento de los familiares de los personajes, y parte de los gigantes fueron modificados a partir de antiguos «cabezudos».
Hoy, en el desfile, pueden verse tanto personajes históricos como ficticios, entre ellos la primera mujer doctora de España, María Isidra de Guzmán, un pirata, un vikingo e incluso héroes de cine. El gigante más antiguo que existe actualmente es Geppetto, creado a finales de la década de 1950.
En las últimas décadas, los gigantes han sido víctimas de diversos incidentes: en los años 80, uno fue incendiado en una ciudad vecina y otro apareció colgado de un árbol tras las fiestas. A pesar de ello, la tradición no solo se ha mantenido, sino que continúa desarrollándose.
Con motivo del 500 aniversario de los desfiles, en Alcalá de Henares se organizan exposiciones y encuentros de gigantes, y con motivo de las fiestas locales se restauran figuras antiguas. Las autoridades debaten la posibilidad de reducir el número de gigantes a 14, para garantizar su buen cuidado y preservar la calidad de la tradición.
Los gigantes y ‘cabezudos’ siguen siendo los preferidos de los niños y una parte fundamental de la vida cultural de la ciudad. Su presencia en las calles despierta el interés tanto de vecinos como de visitantes de Alcalá, y la tradición, pese a las dificultades, sigue uniendo a las distintas generaciones.












