
El 27 de septiembre de 1975 se escucharon los últimos disparos del régimen de Franco en España. Ese día, cinco jóvenes vinculados al FRAP y ETA fueron fusilados en diferentes puntos del país. Entre ellos estaba el más joven — José Humberto Baena, cuyo nombre, décadas después, volvió a ocupar el centro de la atención.
Las ejecuciones no sorprendieron a quienes seguían la agonía de la dictadura. Las autoridades intentaron demostrar fuerza, pero en realidad solo subrayaron la impotencia de un régimen envejecido. La reacción internacional fue inmediata: incluso el Papa Pablo VI apeló a Franco para pedir clemencia, y los gobiernos de Europa y América intentaron intervenir. Pero la máquina represiva ya no se detenía.
Baena fue acusado de asesinar a un policía, aunque persistían contradicciones en el caso. La noche anterior al crimen, él se encontraba en la frontera, según confirmaron testigos, pero estos detalles no influyeron en la sentencia. El silencio de Baena en los calabozos de la policía generó especulaciones: quizás estaba protegiendo a alguien. Su hermana Flor intentó durante casi medio siglo demostrar la inocencia de su hermano, reuniendo documentos, testimonios y cartas. La familia no solo sufrió la pérdida, sino también la persecución: su casa fue incendiada y las pruebas que habían recolectado, destruidas.
Tras la ejecución, el cuerpo de Baena no fue entregado a su familia durante mucho tiempo y el funeral se celebró bajo supervisión policial. Hasta su muerte, el padre nunca supo si realmente era su hijo quien estaba enterrado en la tumba. Solo en agosto de 2024 el gobierno español reconoció oficialmente la condena de Baena como ilegal y rehabilitó su nombre. Para Flor, esto fue la confirmación tan esperada: la lucha no fue en vano, aunque ya no sea posible recuperar a su hermano.
La historia de Baena es solo una de las muchas tragedias que quedaron tras la dictadura. En los primeros años después de las ejecuciones, España no conoció la tranquilidad: asesinatos políticos, miedo y violencia acompañaron la transición hacia la democracia. Pero la memoria de quienes fueron víctimas del régimen no ha desaparecido. Hoy en día, las universidades nombran aulas en honor a los fallecidos y sus familiares siguen luchando por la justicia. La restitución del honor de Baena se ha convertido en un símbolo para muchas familias cuyas vidas fueron marcadas en aquellos años.












