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Cómo arquitectos y ciudadanos transformaron el rostro de Madrid a lo largo de 12 siglos

Leyendas y héroes desconocidos: quiénes construyeron el Madrid moderno

Madrid ha experimentado constantes transformaciones gracias a la labor de arquitectos y ciudadanos. Descubre quiénes estuvieron detrás de los cambios clave en la capital de España. Historias de las personas que definieron la identidad de la ciudad.

Madrid es una ciudad que nunca se detiene. Siempre se está construyendo, renovando o remodelando algo. Para los madrileños y visitantes, el ruido de las obras se ha convertido en parte natural del día a día. Sin embargo, pocos reflexionan sobre las personas y las ideas que, a lo largo de los siglos, han dado forma a la ciudad. En doce siglos de historia, Madrid ha vivido innumerables transformaciones, y cada época ha dejado su huella gracias a arquitectos, ingenieros e incluso ciudadanos comunes.

Un libro dedicado a estos protagonistas recopila los nombres de quienes definieron el estilo arquitectónico y la estructura de la capital. Entre ellos figuran grandes maestros reconocidos, así como otros que durante mucho tiempo permanecieron en el anonimato. Sus proyectos, ideas e incluso dramas personales forman parte de la historia de una ciudad que no deja de sorprender por su diversidad.

Los primeros constructores

Uno de los maestros más antiguos de los que se tiene constancia es maestre Haçan (maestre Haçan), quien tras convertirse al cristianismo pasó a llamarse Gonzalo Fernández (Gonzalo Fernández). A finales del siglo XV dirigió importantes obras, entre ellas el hospital Concepción de Nuestra Señora (Concepción de Nuestra Señora), más tarde conocido como hospital La Latina (La Latina). Este hospital fue fundado por Beatriz Galindo (Beatriz Galindo), mentora de la reina Isabel. Aunque el edificio original no se conserva, su fachada puede verse frente a la facultad de arquitectura en Ciudad Universitaria.

El maestro Hassan también fue responsable de la remodelación de edificios en la actual Plaza de la Villa, donde se ubicaron las nuevas carnicerías municipales. Su aporte al desarrollo de Madrid se considera uno de los primeros ejemplos de integración de tradiciones musulmanas y cristianas en la arquitectura de la ciudad.

Época de cambios

En el siglo XIX surge Francisco Jareño y Alarcón, natural de Albacete. Su carrera comenzó en una época en la que la arquitectura española transitaba del neoclasicismo al historicismo. Los cuatro años que pasó en Italia influyeron en su visión sobre las nuevas técnicas constructivas. Más tarde, viajó por Alemania y Francia, de donde extrajo inspiración para sus proyectos futuros.

En Madrid, Jareño diseñó el proyecto de la Biblioteca Nacional en el paseo de Recoletos. Asimismo, se encargó de la restauración del edificio civil más antiguo de la ciudad: la Torre y Casa de Los Lujanes en la Plaza de la Villa, así como de la fachada de dicho edificio. Entre sus otras obras destacan la rehabilitación del Instituto de San Isidro y la construcción del edificio del Tribunal de Cuentas en la calle Fuencarral.

La ciudad del futuro

A finales del siglo XIX y principios del XX, las ideas sobre el desarrollo urbano estaban cambiando. Arturo Soria y Mata propuso la idea de la ciudad lineal, en la que cada familia pudiera vivir en una casa propia con jardín y huerto. Su proyecto se oponía al diseño radial tradicional y buscaba unir la vida urbana y rural. En el barrio que hoy lleva su nombre, construyó miles de viviendas, aunque no consiguió realizar su visión completa debido a convulsiones políticas y económicas.

Soria soñaba con una línea de ferrocarril de 50 kilómetros que conectara distintas partes de la ciudad, pero la guerra civil y los acontecimientos posteriores impidieron finalizar el proyecto. Sin embargo, sus ideas influyeron en el desarrollo posterior de Madrid y siguen siendo relevantes para los urbanistas actuales.

Planificación y poder

A mediados del siglo XX, Madrid quedó devastada tras la guerra civil. El arquitecto Pedro Bidagor se enfrentó al reto no solo de reconstruir la ciudad, sino de crear una nueva estructura que reflejara los ideales del régimen. Propuso dividir la capital en zonas concéntricas: desde el centro político hasta las periferias industriales, marcando claramente las diferencias entre los distintos estratos sociales.

Bidagor abogó por la construcción de amplias avenidas y la creación de nuevas arterias de transporte que conectarían los diferentes barrios de la ciudad. Su plan contemplaba tres principales accesos a Madrid, aunque estos proyectos nunca se llevaron a cabo. Sin embargo, su enfoque urbanístico tuvo un impacto significativo en el desarrollo de la infraestructura de transporte y vivienda de la capital.

La huella femenina

Un lugar especial en la historia lo ocupa Matilde Ucelay Maórtua, la primera mujer arquitecta en España. Nacida en una familia de intelectuales, desde pequeña mostró interés por las ciencias exactas y el arte. En 1931 ingresó en la escuela de arquitectura de Madrid, donde enfrentó prejuicios por parte de los profesores. A pesar de las dificultades, se graduó en 1936, pero debido a las circunstancias políticas no pudo ejercer su profesión durante mucho tiempo.

Tras recuperar sus derechos, Ucelay lideró proyectos privados, entre ellos viviendas en la zona de Puerta de Hierro, así como proyectos para clientes internacionales y edificios industriales. Muchas de sus obras no se han conservado, pero el nombre de Matilde se ha convertido en símbolo de superación de barreras para las mujeres en la profesión.

La ciudad hecha por sus habitantes

No solo los arquitectos reconocidos influyeron en la fisonomía de Madrid. En las décadas de 1950 y 1960, en el barrio de Pozo del Tío Raimundo, en las afueras de la ciudad, surgieron barrios enteros construidos por los propios vecinos. Personas que llegaban a la capital en busca de trabajo compraban pequeños terrenos y levantaban casas con materiales de ocasión: ladrillo, madera, chapa. No había ni alcantarillado ni electricidad, las calles se volvían lodo tras la lluvia y las comodidades se reducían a un cubo en un rincón de la habitación.

Cuando las autoridades intentaron expropiar estos terrenos para construir un nuevo intercambiador de transporte, los vecinos defendieron sus hogares y lograron ser reubicados en viviendas adecuadas en la misma zona. Este episodio se convirtió en un ejemplo de cómo la gente común puede influir en el desarrollo de la ciudad y defender sus intereses.

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