
El aroma del cacao hace tiempo que forma parte de la atmósfera urbana de Barcelona. Entre las numerosas marcas de chocolate, Amatller ha ocupado un lugar especial en la historia de la ciudad, convirtiéndose no solo en un símbolo de la gastronomía, sino también en una pieza clave del modernismo catalán. La historia de esta marca comenzó a finales del siglo XVIII y continúa hasta hoy, preservando la tradición y el espíritu innovador.
Los primeros pasos del negocio familiar se dieron en 1797, cuando se abrió una pequeña tienda de chocolate en el barrio del Born. Con el tiempo, la empresa pasó a las siguientes generaciones, que ampliaron la gama de productos y comenzaron a vender no solo chocolate, sino también cacao, azúcar y vainilla. Esto sentó las bases para el posterior crecimiento industrial de la compañía y llevó a Amatller a estar entre los principales productores de chocolate en España durante el siglo XIX.
El nieto del fundador, inspirado por sus viajes por Europa, el norte de África y Oriente Medio, decidió modernizar la producción. Implementó nuevas tecnologías, amplió las fábricas en los barrios de Sant Martí de Provençals y Banyoles, y prestó especial atención a la presentación de los productos. Gracias a ello, Amatller se convirtió no solo en una marca industrial, sino también en un fenómeno cultural.
Un papel especial en la historia de la empresa lo ocupa la colaboración con artistas y diseñadores. A principios del siglo XX, se invitó a reconocidos maestros para crear carteles publicitarios y envases, lo que permitió a la marca convertirse en una de las pioneras de la publicidad moderna en España. La estética de Amatller pasó a ser parte del código visual del modernismo catalán, y sus emblemáticos carteles todavía decoran colecciones de museos.
Inspirado por el éxito, el propietario de la marca decidió construir su propia casa en el Passeig de Gràcia. El proyecto fue encargado al arquitecto Josep Puig i Cadafalch, y en 1900, en la famosa «manzana de la discordia», surgió la Casa Amatller (Casa Amatller), un edificio que se convirtió en uno de los ejemplos más destacados de la arquitectura modernista de Barcelona. Hoy en día, esta casa está reconocida como monumento histórico y artístico, y su fachada e interiores atraen a miles de turistas.
Actualmente, la marca Amatller pertenece a la empresa Chocolates Simón Coll, pero mantiene la fidelidad a sus tradiciones. Las tiendas en Barcelona, especialmente en el barrio del Born, ofrecen no solo dulces emblemáticos, sino también recorridos por la historia de la marca, talleres y degustaciones. Aquí se pueden probar las famosas láminas finas de chocolate y bombones exquisitos, además de disfrutar de un chocolate caliente preparado según una receta antigua y servido en mancerina, una vajilla popular entre la nobleza española del siglo XVIII.
La Casa Amatller se ha convertido en una parte fundamental del patrimonio cultural de Barcelona. Las vidrieras, esculturas y elementos decorativos del edificio evocan el deseo de convertir el chocolate en un auténtico arte. Hoy, en el antiguo vestíbulo donde antaño llegaban los carruajes, funciona una acogedora cafetería donde se puede degustar el chocolate Amatller en un ambiente auténtico.
Más de dos siglos después, la marca sigue exportando sus productos a decenas de países manteniéndose fiel a sus raíces barcelonesas. En cada producto de Amatller se percibe no solo el sabor, sino también la historia de la familia que convirtió el chocolate en parte del patrimonio cultural de la ciudad e inspiró el desarrollo del modernismo catalán.












