
Los automóviles modernos están equipados con numerosos componentes, cada uno de los cuales cumple una función específica para garantizar el correcto funcionamiento del vehículo. Uno de los elementos clave del sistema de lubricación es el radiador de aceite. Su función principal es mantener la temperatura del aceite del motor dentro de los límites permitidos, evitando el sobrecalentamiento y la pérdida de propiedades lubricantes.
Si la temperatura del aceite supera los valores normales, el motor se desgasta más rápido y las piezas pierden la protección frente a la fricción. El radiador de aceite disipa el exceso de calor, transfiriéndolo al aire o al líquido refrigerante. De este modo, el motor funciona durante más tiempo y de manera más fiable, y el riesgo de averías graves se reduce.
Habitualmente, el radiador de aceite se sitúa en una zona bien ventilada, cerca del radiador principal o incluso integrado en él. En vehículos con motores potentes, este componente suele instalarse detrás de la parrilla delantera para que el flujo de aire enfríe el aceite de forma más eficiente. En algunos modelos, el radiador se conecta al sistema de refrigeración utilizando anticongelante para evacuar el calor.
Si el radiador de aceite falla, conducir el vehículo se vuelve peligroso. El aceite sobrecalentado pierde viscosidad, puede mezclarse con el refrigerante y el motor queda expuesto a daños graves. Los conductores pueden notar señales como manchas de aceite bajo el coche, una emulsión sospechosa en el vaso de expansión, sobrecalentamiento del motor, humo en el escape, descenso del nivel de aceite o anticongelante sin fugas visibles, caída de la presión del aceite, luces de advertencia en el cuadro de instrumentos y olor a aceite quemado.
Si aparecen estos síntomas, se recomienda detener el vehículo de inmediato y acudir a un taller. Seguir circulando con el radiador averiado es muy arriesgado y puede derivar en una reparación integral del motor. En España, el precio de sustituir el radiador de aceite en coches de turismo suele oscilar entre 150 y 300 euros, mientras que en vehículos de gama premium va de 300 a 500 euros, incluyendo piezas y mano de obra.
La sustitución por cuenta propia requiere ciertas habilidades y herramientas. Es fundamental esperar a que el motor se enfríe completamente, desconectar la batería, drenar el aceite y el refrigerante, desmontar los elementos de protección y desconectar todas las conexiones. Al instalar el nuevo radiador, es importante comprobar cuidadosamente que el sistema esté hermético y libre de fugas.
El mantenimiento regular y un diagnóstico oportuno permiten evitar problemas graves en el sistema de refrigeración del aceite. Prestar atención al estado del vehículo ayuda a prolongar la vida útil del motor y a evitar gastos innecesarios en reparaciones.












