
En España existe un grupo especial de policías cuya misión es encontrar un entendimiento común con las personas en las situaciones más críticas. Estos especialistas no solo reciben la formación habitual: les enseñan a mantener la calma cuando hay vidas humanas en juego y las decisiones deben tomarse en cuestión de minutos.
En uno de los complejos policiales de Madrid, los futuros negociadores se enfrentan a retos poco convencionales. Por ejemplo, ¿cómo convencer a una persona situada al borde de un precipicio si no puede oír una sola palabra? Escenarios como este no son ficticios, sino parte del entrenamiento real. En una ocasión, un inspector tuvo que recurrir al lenguaje de signos e incluso a cigarrillos para establecer contacto con un hombre desesperado. Durante dos horas y media, fue acortando la distancia poco a poco hasta que logró ponerlo a salvo. En estos momentos, es fundamental no solo saber escuchar, sino también mostrar respeto por los sentimientos del interlocutor, incluso si la situación parece irresoluble.
La red de negociadores cuenta con poco más de medio centenar de miembros en todo el país. Cada uno de ellos ha superado una exigente selección y formación, donde se evalúa tanto la resistencia al estrés como la capacidad de pensar de manera no convencional. Durante la preparación, los candidatos reciben misiones en las que no pueden utilizar ni teléfono ni dinero, y el objetivo es convencer a desconocidos para que les ayuden. A veces deben superar el miedo a las alturas o trabajar en espacios cerrados, ya que, en la vida real, las negociaciones pueden llevarse a cabo tanto en grúas de construcción como en los tejados de las catedrales.
La labor de negociador no es un puesto principal, sino una especialización adicional. Muchos compatibilizan esta función con investigaciones de secuestros, asuntos migratorios o casos familiares. Los nuevos integrantes reciben formación en cursos que se actualizan de forma periódica: este año la capacitación comenzó ya por cuarta vez y, al finalizarla, una veintena más de especialistas se incorporará al equipo. Esta figura resulta especialmente necesaria en regiones donde a menudo se producen situaciones de crisis, como Málaga, Cádiz o Alicante.
Antes de iniciar la negociación, el equipo recopila cuidadosamente información y elabora una estrategia. A diferencia de las unidades tácticas, los negociadores actúan por separado, pero siempre están dispuestos a apoyarse mutuamente con consejos o experiencia. La mayoría de las veces se trata de intentos de suicidio o conflictos familiares, aunque en ocasiones deben intervenir en secuestros, donde no sólo el tiempo, sino también la vida de los rehenes está en juego. En estas operaciones, cada detalle cuenta: a veces la información llega con retraso y en otras ocasiones hay que trabajar casi a ciegas.
A pesar de la tensión constante, muchos destacan que la satisfacción tras una operación exitosa compensa todas las dificultades. Es fundamental recordar que el éxito no depende de una sola persona, sino del trabajo coordinado de todo el equipo. Incluso los negociadores más experimentados reconocen que a veces se producen fracasos, y estos casos permanecen mucho tiempo en la memoria. Sin embargo, cada nuevo desafío es una oportunidad para mejorar y salvar una vida más.












