
La cuestión del retorno de los célebres frescos del monasterio de Sijena vuelve a ser uno de los temas más candentes entre los habitantes de Aragón. Esta disputa no solo afecta al patrimonio cultural, sino que también influye en el clima político de la región, especialmente en vísperas de las elecciones. Para muchos españoles, lo que ocurre no es solo otro conflicto entre vecinos, sino un ejemplo de cómo los agravios históricos pueden convertirse en herramienta de lucha política.
Por la tarde, cuando el frío cala en los alrededores del monasterio de Santa María, a las afueras de Villanueva de Sijena, Alfonso Salillas, de 65 años, apenas presta atención al hielo. Más que su abrigo, lo calienta la pasión por el regreso de los frescos, que hace casi 90 años se llevaron a Barcelona tras un incendio. Para algunos, fue un rescate; para otros, Aragón perdió parte de su alma. Salillas, exalcalde e impulsor del litigio judicial, no oculta su desconfianza hacia las autoridades catalanas, a las que acusa de retrasar el cumplimiento de la sentencia del Tribunal Supremo que exige la devolución de las obras de arte.
Política y agravios
El tema del «perjuicio» causado por Cataluña se ha convertido en el principal as bajo la manga del Partido Popular (Partido Popular, PP) en Aragón. El presidente regional Jorge Azcón no pierde oportunidad para acusar a su vecino del este de injusticia, ya sea por las pinturas murales, las conexiones ferroviarias o la distribución de los fondos presupuestarios. En sus recientes intervenciones, criticó duramente al Gobierno central por el supuesto trato preferencial a las demandas catalanas, sobre todo tras la tragedia ferroviaria en Andalucía, y exigió un plan inmediato para la reparación de la línea entre Zaragoza y Madrid.
Sin embargo, el argumento más recurrente es la reforma del sistema de financiación autonómica, acordada entre el Gobierno y los nacionalistas catalanes. Para Azcón y su partido, no se trata solo de una cuestión económica, sino de un símbolo de «traición» y «humillación» para Aragón. No es casualidad que en Zaragoza el líder del PP, Alberto Núñez Feijóo, firmara una declaración contra la «cuota separatista», y la financiación se haya convertido en el eje del debate con los socialistas.
Raíces históricas
Expertos señalan que el sentimiento anticatalán en Aragón tiene profundas raíces históricas. El sociólogo David Pac destaca que esta retórica siempre ha encontrado eco en parte de la población, y la actual situación política solo ha intensificado este efecto. El historiador Alberto Sabio recuerda los acontecimientos de finales del siglo XIX y principios del XX, cuando las dificultades económicas y la emigración masiva hacia Cataluña dejaron huella en la memoria colectiva. Más tarde, las protestas contra el trasvase de agua del Ebro y el suministro de energía a la industria catalana solo reforzaron la desconfianza mutua.
Gestos simbólicos, como las disputas sobre el nombre de la Corona de Aragón o las dudas sobre la competencia de los especialistas aragoneses en la restauración de frescos, se perciben como nuevos motivos de agravio. Incluso las discrepancias lingüísticas —por ejemplo, la negativa a denominar “catalán” a los dialectos catalanoparlantes de las zonas fronterizas— se convierten en parte del juego político.
Economía y paradojas
A pesar de las constantes tensiones políticas, los lazos económicos entre ambas regiones siguen siendo sólidos. Cataluña es el principal socio comercial de Aragón, y el volumen de negocios conjuntos alcanza miles de millones de euros al año. Sin embargo, los líderes políticos de ambas partes no pierden la ocasión de subrayar diferencias y viejos agravios, especialmente en periodos de campaña electoral.
Curiosamente, incluso el ex presidente de Aragón Javier Lambán, socialista, ha criticado en varias ocasiones con dureza a los nacionalistas catalanes, calificando sus acciones de «tontería histórica» y un «insulto» para Aragón. Los intentos de cooperación, como la candidatura conjunta para acoger los Juegos Olímpicos, también han terminado en disputas y acusaciones de discriminación.
Opinión pública
Expertos en política señalan que el aumento de la desconfianza hacia Cataluña en Aragón no se debe únicamente a las acciones de los políticos, sino también a los cambios en la sociedad. El auge del nacionalismo catalán y las posteriores concesiones del gobierno central han provocado una ola de patriotismo español, especialmente en Zaragoza. Según las encuestas, el número de partidarios de la centralización del poder en la región ha crecido notablemente en los dos últimos años, diferenciando a Aragón de otras autonomías.
Al mismo tiempo, muchos habitantes reconocen que, a pesar de las diferencias políticas, los vínculos familiares y empresariales entre las regiones siguen siendo estrechos. Para algunos, la retórica anticatalana es solo una herramienta útil para los políticos; para otros, refleja sentimientos reales. En cualquier caso, este conflicto ha vuelto a situarse en el centro de la atención nacional.












