
En los últimos años, Madrid vive un auténtico auge del alquiler temporal de todo tipo de espacios. En la capital de España se puede alquilar no solo un piso o una habitación, sino también una piscina privada, una terraza en la azotea o incluso una cama para una siesta corta. Este enfoque de uso de la propiedad urbana gana cada vez más popularidad, especialmente en la temporada de verano, cuando la temperatura en la ciudad se mantiene estable cerca de los 30 grados.
La demanda de piscinas en Madrid es tradicionalmente alta: en la ciudad hay solo 25 piscinas municipales, mientras que las privadas y comunitarias se cuentan por miles. Esto genera una escasez que rápidamente se ha convertido en una oportunidad de negocio. Los propietarios de viviendas en los suburbios, como en Boadilla del Monte, han empezado a alquilar sus parcelas con piscina por horas para fiestas, celebraciones familiares y barbacoas. Durante la temporada, este tipo de alquiler puede reportarles varios miles de euros, y el precio medio por persona es de 20 a 30 euros por seis horas de ocio.
Las plataformas especializadas en el alquiler temporal de piscinas se encargan de todo el proceso: publican fotografías, establecen las normas de uso, verifican las propiedades y garantizan la protección legal a los propietarios. En Madrid ya hay cientos de ofertas de este tipo, y en toda España la cifra se acerca al millar. En un solo verano, estos servicios gestionan miles de reservas, y para alquilar una piscina no se requiere licencia turística, ya que no implica pernoctación.
El alquiler de terrazas y azoteas también se ha vuelto muy solicitado. Las plataformas permiten reservar espacios privados para la realización de eventos, reuniones o fiestas corporativas. En el catálogo de una de las mayores plataformas, hay más de 500 espacios solo en Madrid, desde acogedoras terrazas en el centro hasta castillos en las afueras. El precio del alquiler varía desde 150 euros por hora para eventos pequeños hasta varios miles para celebraciones de gran escala. El público principal son personas de 30 a 40 años, y la mayoría de las reservas las realizan mujeres. Este formato es popular por la combinación de ahorro, flexibilidad y la posibilidad de acceder a lugares únicos que normalmente no están disponibles para el público general.
Curiosamente, en Madrid es posible alquilar incluso un lugar para tomar una siesta durante el día. En el barrio de Nuevos Ministerios funciona un establecimiento donde, por 1,5 a 7 euros, se puede dormir media hora en una cabina privada o en una cama. Aquí no hay lujos, solo lo esencial: ropa de cama limpia, aire acondicionado, enchufes y relativa tranquilidad. Inicialmente, el proyecto se inspiró en los hoteles cápsula japoneses, pero tras su relanzamiento en el periodo pospandemia ha ganado popularidad entre una variedad de clientes. La mayoría de los visitantes no vienen a descansar durante el horario laboral, sino a vivir una experiencia inusual o por recomendación de conocidos.
Los expertos señalan que esta fragmentación del entorno urbano y la transformación de los espacios habituales en objetos de alquiler a corto plazo están cambiando el aspecto de Madrid. Por un lado, permite un uso más eficiente de los recursos de la ciudad y abre nuevas oportunidades de ingresos. Por otro, genera preocupación por la pérdida de las tradiciones urbanas, el aumento de la desigualdad y el desplazamiento de los residentes permanentes. El debate sobre cómo regular estos servicios y su impacto en la calidad de vida en la capital sigue abierto.
Mientras tanto, Madrid continúa desarrollándose como una ciudad donde casi todo se puede alquilar por horas: desde una piscina hasta una cama para un breve descanso. Este enfoque refleja las tendencias actuales de la economía colaborativa y el deseo de los ciudadanos de flexibilidad y nuevas experiencias.











