
Un accidente ferroviario en Gelida ha desatado un gran escándalo político en Cataluña. Cientos de miles de pasajeros quedaron atrapados en el caos del transporte, mientras los líderes políticos se apresuraron a culparse mutuamente por la incompetencia y la inacción. El foco de la polémica: la incapacidad de las autoridades para reaccionar rápidamente ante la crisis y ofrecer rutas alternativas a los usuarios diarios de los trenes de cercanías.
Durante varias horas tras el incidente en la línea Rodalies, las estaciones parecían escenas de una película de catástrofes: personas desorientadas, aglomeraciones, falta de información y trenes cancelados. Cerca de 400.000 personas, dependientes del servicio de cercanías, se quedaron sin instrucciones claras ni apoyo. Según la oposición, las autoridades catalanas no fueron capaces de organizar una comunicación eficaz ni soluciones temporales para los pasajeros.
Tormenta política
Carles Puigdemont, líder de Junts, no perdió la oportunidad de reprochar públicamente al Govern catalán su «estruendosa incompetencia». Dirigió sus críticas a los socialistas que encabezan la Generalitat, y personalmente a Salvador Illa. Puigdemont afirmó que el colapso ferroviario es consecuencia directa de la dependencia de Cataluña de las decisiones de Madrid y de la falta de autonomía en la gestión de las infraestructuras.
En su discurso resonaron argumentos conocidos: «Mientras la infraestructura siga en manos de los españoles, nada funcionará». Según Puigdemont, el gobierno regional no solo no mostró liderazgo, sino que de hecho se rindió al no exigir las inversiones prometidas ni defender los intereses de los catalanes. Acusó a la Generalitat de pasividad y sumisión al poder central, lo que, según él, frena el desarrollo de la región.
Acusaciones mutuas
También se escucharon críticas desde otras fuerzas políticas. Oriol Junqueras, líder de ERC, no se contuvo al afirmar que las acciones del gobierno «lo dejaron en mala posición». En su opinión, la crisis ferroviaria es una prueba palpable de las fallas de gestión y de la incapacidad para proteger los intereses de la ciudadanía de Cataluña.
El partido Comuns propuso una auditoría nacional del sistema Rodalies y llamó a un gran pacto para salir de la crisis. Jéssica Albiach acusó a las autoridades de mala comunicación y de generar falsas expectativas entre los pasajeros, lo que solo aumentó el malestar y el caos.
Reacciones y nuevas acusaciones
Mientras los políticos cruzaban reproches, el comisionado para el traspaso de Rodalies, Pere Macias, informó que la Generalitat ha abierto una investigación contra Renfe por la interrupción del servicio durante el día del accidente. Sin embargo, la oposición considera que estas medidas llegan tarde y resultan insuficientes. Según ellos, el gobierno mostró indiferencia y fue incapaz de restablecer rápidamente el funcionamiento de un nodo esencial del transporte.
El portavoz del Partido Popular (PP) en el Parlamento, Juan Fernández, afirmó que lo ocurrido no es una cuestión de competencias, sino de gestión básica. Subrayó que el colapso fue consecuencia de la incompetencia y no de la falta de instrumentos legales. Vox, por su parte, ridiculizó los intentos de las autoridades de culpar a Renfe, calificándolo de “una burla” para los pasajeros. La CUP exigió una investigación similar respecto a Adif, remarcando que la responsabilidad recae en varias entidades.
Pasajeros en el epicentro del caos
Mientras los políticos se enfrentan, los pasajeros de Rodalies siguen sufriendo incertidumbre y molestias. Para muchos habitantes de Barcelona y su área metropolitana, el tren es la única opción para llegar al trabajo o a sus estudios. Cada fallo en el sistema significa perder tiempo, sufrir estrés y afrontar pérdidas económicas.
Las autoridades prometen esclarecer las causas del incidente y mejorar la comunicación con la ciudadanía, aunque la confianza pública ha quedado seriamente dañada. La gente exige no solo explicaciones, sino cambios reales para evitar que estas situaciones se repitan. En este contexto, las luchas políticas parecen cada vez más ajenas a las necesidades reales de la sociedad.
Preguntas sin respuesta
La crisis del transporte en Cataluña ha vuelto a poner de manifiesto las antiguas tensiones entre las autoridades regionales y el gobierno central. La cuestión de quién debe asumir la responsabilidad sobre la infraestructura y su desarrollo sigue sin resolverse. Mientras tanto, los usuarios de Rodalies se ven obligados a soportar las consecuencias de los juegos políticos y a esperar a que las promesas se conviertan finalmente en hechos.











