
Los incidentes en los ferrocarriles de Cataluña han vuelto a poner en primer plano los problemas de seguridad y la necesidad de invertir en infraestructuras. Tras el trágico suceso en la línea Rodalies, en el que falleció un maquinista, el debate sobre el estado de la red ferroviaria ha adquirido una nueva dimensión. Para muchos españoles, esto no es solo una cuestión de comodidad, sino de la vida y la salud de miles de personas que utilizan a diario los trenes de cercanías.
La tarde del lunes, los maquinistas de Rodalies se reunieron en la estación de Sants, en Barcelona. Sus demandas eran claras: medidas urgentes para garantizar la seguridad y una revisión de la política de financiación de la red ferroviaria. La protesta coincidió con el punto álgido de la crisis provocada por el reciente accidente en Gelida y tuvo lugar mientras se esperaba la decisión sobre la continuidad de la huelga.
Señales de alarma
Los trabajadores ferroviarios no lo ocultan: los problemas de infraestructura se han vuelto crónicos. Según uno de los maquinistas, Martí Fuentes, las situaciones peligrosas en las rutas no son excepcionales. Recuerda cómo en ocasiones se encontraban ramales caídos en la vía, e incluso piedras que podían provocar un desastre. Los episodios de agresión entre pasajeros tampoco son infrecuentes. En opinión de los empleados, todo esto es resultado del sistemático desinterés por los problemas y de la falta de atención al mantenimiento preventivo.
El sindicato de ferroviarios de Cataluña enfatiza que la crisis actual es el resultado de una política de años en la que se priorizó el desarrollo de las líneas de alta velocidad, mientras que las rutas de cercanías quedaron sin la financiación adecuada. El portavoz sindical, José Peñarroya, señala que las advertencias sobre posibles tragedias se venían haciendo desde hace tiempo, pero no fueron atendidas. Ahora, el sindicato exige una auditoría independiente del uso de los fondos y transparencia en la distribución de las inversiones.
Vulnerabilidad de los nuevos trabajadores
Durante la manifestación, se prestó especial atención a las condiciones laborales de los becarios. Uno de los maquinistas, que prefirió permanecer en el anonimato, relató los bajos pagos y la falta de garantías sociales para quienes apenas inician su carrera. Según él, los becarios solo reciben una beca mínima, carecen de seguro completo y no pueden aspirar a un contrato laboral hasta finalizar las prácticas. Tras la tragedia en Gelida, muchos de ellos sufrieron un fuerte estrés e incluso algunos consideraron cambiar de profesión.
La presión psicológica sobre los jóvenes trabajadores aumentó después del accidente. La formación estuvo suspendida durante dos semanas, pero esto no fue suficiente para recuperar el ánimo. Algunos becarios confesaron que les resulta difícil volver al trabajo después de presenciar la muerte de un compañero.
Solidaridad en el sector
Al paro se sumaron también empleados de otras empresas del sector ferroviario. Ignacio Ronda, trabajador en la estación Moncada de la línea R2, considera que la situación requiere una intervención inmediata a nivel estatal. Destaca que en los últimos años se ha priorizado el desarrollo de rutas de alta velocidad, mientras que las líneas convencionales han quedado desatendidas. Según él, esto ha desembocado en la actual crisis.
Aunque la huelga fue oficialmente desconvocada tras una serie de negociaciones con el ministerio, la tensión en el sector persiste. Muchos maquinistas señalan que, para minimizar riesgos, se ven obligados a reducir la velocidad de los trenes. Se trata de una medida temporal que no soluciona los problemas de fondo, sino que únicamente permite evitar nuevas tragedias.
Consecuencias a largo plazo
Las cuestiones de seguridad e inversión en la infraestructura ferroviaria siguen en el foco de atención. Los trabajadores de Rodalies insisten en que el levantamiento de la huelga no implica la resolución de los problemas. El conflicto, que empezó tras el accidente en Gelida, ya dura varias semanas y, según muchos, podría desembocar en nuevas protestas si no se adoptan medidas reales.
En los últimos años, España ya se ha enfrentado a crisis similares en el sector del transporte. Las huelgas de ferroviarios se han producido en Madrid y Valencia, donde también se han planteado cuestiones de seguridad y condiciones laborales. En algunos casos, esto ha provocado paros temporales y numerosos retrasos en los trenes. Los problemas de infraestructura y la falta de inversiones siguen siendo relevantes en muchas regiones del país, lo que resalta la necesidad de cambios sistémicos en la gestión de la red ferroviaria.












