
La transferencia de valiosas obras de arte como pago de obligaciones fiscales está cambiando el enfoque hacia la preservación del patrimonio cultural en España. Como resultado de una transacción inusual, el Estado ha obtenido acceso a pinturas que antes permanecían en manos privadas, y los habitantes de las Islas Canarias pronto podrán admirarlas en un nuevo museo. Esta decisión no solo refuerza la posición de la región en el mapa cultural del país, sino que también plantea preguntas sobre el papel del arte en la economía.
Las autoridades de Canarias se han hecho con doce obras de arte, entre las que destacan piezas del napolitano Luca Giordano y seis lienzos atribuidos al maestro sevillano Bartolomé Esteban Murillo o a su taller. La colección pertenecía anteriormente a la familia de los condes de la Vega Grande de Guadalupe, una de las más influyentes del archipiélago. En 2021, el actual jefe de la familia y sus parientes acordaron con la agencia tributaria la entrega de estas obras como pago del impuesto sobre sucesiones.
El destino de las pinturas
Dos obras de Giordano —“Neptuno” y “El rapto de Proserpina”— serán enviadas próximamente a restauración. Tras su recuperación, está previsto que se exhiban en el futuro Museo de Bellas Artes de Gran Canaria, actualmente en construcción. Ambas pinturas, inspiradas en temas mitológicos, decoraban anteriormente el comedor de la casa histórica de la familia en el barrio de Vegueta, en Las Palmas de Gran Canaria.
Expertos señalan que las obras requieren una intervención profunda: en una de ellas se detectaron daños causados por agua, mientras que los marcos han sido afectados por la acción de insectos. El Ministerio de Cultura ha destinado fondos para la restauración y los trabajos serán realizados por profesionales de un taller en Madrid. Una vez concluidas las labores, las pinturas ocuparán un lugar central en la exposición del nuevo museo, cuya inauguración está prevista para 2026.
Historia de la transacción
La transmisión de obras de arte como pago de impuestos es una práctica poco común, aunque prevista por la ley en España. Este mecanismo permite que los propietarios de piezas únicas, reconocidas como patrimonio cultural, salden sus obligaciones fiscales cuando no pueden hacerlo en efectivo. Para ello, es necesaria una valoración de expertos y la aprobación de los organismos competentes. En este caso, se estima que el valor de la colección oscila entre 3,5 y 5 millones de euros, aunque los detalles exactos de la operación no se han hecho públicos.
La familia de los Condes de la Vega Grande de Guadalupe es conocida no solo por su aporte al desarrollo turístico y económico de Canarias, sino también por su afición al coleccionismo de arte. A mediados del siglo XIX, gracias a uno de los miembros de la familia, el coleccionista y filántropo Juan del Castillo y Westerling, estas obras llegaron al archipiélago. Ahora pasan a manos de la comunidad autónoma y pasan a formar parte de su patrimonio cultural.
Impacto en la región
La incorporación de obras tan significativas en una colección pública refuerza el estatus de Canarias como un centro de vida cultural. Se espera que, tras la restauración y apertura del museo, el flujo turístico y el interés por la región aumenten. Para los residentes locales, es una oportunidad de acercarse al arte mundial sin salir del archipiélago, y para las autoridades, una forma de resaltar la importancia de la cultura en el desarrollo social.
La familia que cedió la colección destaca que se siente orgullosa de contribuir a la preservación del arte para las futuras generaciones. Este gesto se convierte en un ejemplo para otros propietarios de colecciones privadas, demostrando que el arte no solo puede embellecer hogares, sino también servir al interés público.
En los últimos años, en España se han multiplicado los casos de entrega de obras de arte al Estado en concepto de pago de impuestos. Este tipo de acuerdos permite ampliar los fondos museísticos sin costes directos para el presupuesto y conservar piezas únicas en el país. En 2024, una colección similar fue donada al Museo del Prado, y en Cataluña varias colecciones privadas pasaron a formar parte de exposiciones regionales. Esta práctica favorece la preservación del patrimonio cultural y hace que el arte sea más accesible para el gran público.












