
Los hechos ocurridos en el centro de Barcelona lanzaron una señal de alarma para todos los que siguen la seguridad en eventos multitudinarios en España. La falta de coordinación entre los cuerpos policiales provocó una escalada del conflicto, generando un intenso debate entre la ciudadanía y los expertos en orden público. Como resultado, una reunión habitual de una comunidad singular tuvo serias consecuencias para la infraestructura urbana y la reputación de las fuerzas del orden.
El pasado sábado, en el paseo de Lluís Companys, se reunieron miembros de la comunidad de therians, personas que se identifican con animales. Según El País, el evento llamó la atención no solo de los participantes, sino también de miles de curiosos, muchos de los cuales acudieron para presenciar el insólito fenómeno o incluso para burlarse de él. Al final, el número total superó los 3.000 asistentes, lo que complicó considerablemente la situación para la policía.
Fallo de coordinación
Desde el principio, la organización de la seguridad recayó en la policía municipal —Guardia Urbana—, mientras que los Mossos d’Esquadra de Cataluña se limitaron a observar, considerando el encuentro inofensivo. Sin embargo, cuando comenzaron los daños materiales en un parking subterráneo, la Guardia Urbana solicitó apoyo a los Mossos. Fue en ese momento cuando la situación se descontroló: comenzaron a lanzar objetos contra la policía y la multitud adoptó una actitud agresiva.
Según representantes de la policía municipal, la falta de una coordinación clara entre los distintos departamentos fue la razón por la que los incidentes adquirieron un carácter masivo. Los Mossos no se apresuraron a enviar refuerzos, considerando que la situación no requería la intervención de unidades especiales. Sólo media hora después de las primeras señales de alarma se tomó la decisión de dispersar conjuntamente a la multitud, pero para entonces los disturbios ya habían comenzado.
Escalada del conflicto
Mientras algunos agentes trataban de restablecer el orden en el aparcamiento, otros se vieron obligados a proteger a los menores que participaron en el encuentro y que se refugiaron en una tienda para escapar de los viandantes agresivos. Pronto, en las calles aparecieron barricadas improvisadas, se incendiaron contenedores y se ocasionaron daños al mobiliario urbano. Los Mossos d’Esquadra activaron una unidad para controlar los disturbios, pero su llegada tardó unos 20 minutos, lo que generó críticas entre los agentes de la policía municipal.
Gracias a la actuación conjunta de la policía, la multitud logró ser dispersada y el orden se restableció recién pasadas las diez de la noche. Al finalizar el operativo, se detuvo a cuatro personas, tres de ellas menores de edad. Las autoridades de Barcelona están analizando ahora las causas del fallo en la coordinación y evaluando los daños ocasionados a la ciudad.
Consecuencias y reacción
Este incidente ha vuelto a poner sobre la mesa la importancia de una coordinación clara entre los diferentes cuerpos policiales durante eventos multitudinarios. Según apuntan los expertos, la falta de un centro de mando único y la subestimación de los riesgos pueden desembocar en consecuencias imprevisibles incluso en encuentros que parecen inofensivos. En este caso, según informa El Pais, precisamente la descoordinación fue el detonante de los disturbios.
En los últimos años, España ya ha registrado casos en los que reuniones multitudinarias de jóvenes o comunidades temáticas derivaron en disturbios espontáneos. Por ejemplo, en 2024 en Madrid, tras una fiesta no autorizada, también se produjeron enfrentamientos con la policía y decenas de personas fueron detenidas. Incidentes similares se registraron en Valencia y Sevilla, donde una respuesta tardía de las fuerzas del orden provocó la escalada de los conflictos. Estos hechos subrayan la importancia de una evaluación oportuna de los riesgos y el trabajo coordinado de todos los servicios para evitar que situaciones similares se repitan en el futuro.












