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De la heroína al apoyo a migrantes: cómo ocho abuelas de Madrid siguen luchando

Mujeres que no se rinden: así las activistas de Vallecas salvan vidas ajenas

En Madrid quedan solo ocho mujeres que, en su día, combatieron la drogadicción. Ahora apoyan a migrantes y familias en situación vulnerable. Su historia es un ejemplo de fortaleza y solidaridad.

A finales del siglo pasado, las calles de las ciudades españolas estaban llenas de inquietud: una epidemia de heroína y VIH destruía familias, mientras el Estado tardaba en reaccionar. Fue entonces cuando, en el barrio madrileño de Entrevías, un grupo de mujeres decidió romper el silencio. Se unieron bajo el nombre de «Madres contra la Droga» y comenzaron una lucha que transformó no solo sus propias vidas, sino también el destino de miles de personas.

En las décadas de 1980 y 1990, su movimiento llegó a reunir a cientos de participantes. Mujeres de distintos puntos del país llevaban pañuelos y pines con una jeringuilla tachada al cuello, organizaban reuniones y exigían cambios. Su objetivo era tan sencillo como desesperado: salvar a sus hijos de las drogas y de enfermedades mortales. No solo se apoyaban entre ellas, sino que también lograron impulsar cambios en la legislación para que los jóvenes con adicciones recibieran ayuda en lugar de penas de cárcel.

Continuidad en la lucha: de las drogas al apoyo social

Han pasado décadas y, de aquellas cientos de activistas, hoy solo quedan ocho. Pero su energía no se apaga. Ahora, con más de 70 y hasta 90 años, estas mujeres siguen ayudando a quienes han quedado al margen de la sociedad. En tres pisos que una vez consiguieron para la rehabilitación de jóvenes, hoy acogen a migrantes y familias en situaciones difíciles.

Cada una de ellas asumió el cuidado de personas concretas: algunas ayudan a familias que esperan la legalización, otras apoyan a un padre con su hija o a una madre con tres hijos. Su ayuda no se limita a lo material: acompañan a sus protegidos a los tribunales, participan en acciones a favor del asilo, y les ayudan a adaptarse al nuevo país. Sus puertas siempre están abiertas para quienes necesitan apoyo.

Solidaridad femenina y nuevos desafíos

Con el tiempo, su activismo se ha expandido aún más. Ahora luchan no solo contra el narcotráfico, sino también contra la discriminación, el estigma y la pobreza. Su centro sigue siendo un lugar de encuentro donde la gente comparte la comida, discute problemas y busca soluciones. Las mujeres no dudan en salir a la calle para defender los derechos de los migrantes o protestar contra la injusticia.

Al recordar el pasado, cuentan cómo superaron el sentimiento de culpa, aprendieron a defender sus propios intereses y a no permitir que nadie culpe a las madres por los errores de sus hijos. Las une la experiencia de la pérdida y el dolor, pero aún más el deseo de evitar que las tragedias se repitan. Muchas se convirtieron en tutoras de sus nietos que perdieron a sus padres a causa de las drogas, y siguen cuidando de las nuevas generaciones.

Memoria del pasado y mirada al futuro

Para estas mujeres, la lucha nunca fue solo personal. Organizaron protestas frente a juzgados, ministerios e incluso en catedrales para llamar la atención sobre los problemas de los presos y sus familias. Gracias a su perseverancia, en España se creó el Plan Nacional sobre Drogas, se abrieron centros de apoyo a personas con adicciones y se reformaron las leyes sobre la excarcelación anticipada de presos enfermos.

Hoy su labor va mucho más allá de la lucha contra las adicciones. Ayudan a que niños de asentamientos gitanos y rumanos accedan a la educación, les ofrecen desayunos y apoyan a familias en situación vulnerable. Su hogar es un refugio donde siempre se puede encontrar apoyo, consejo y calidez.

Un legado e inspiración para las nuevas generaciones

Las historias de estas ocho mujeres nos recuerdan cuánto puede cambiar la iniciativa ciudadana. Su ejemplo inspira no solo a sus vecinos, sino también a quienes hoy atraviesan dificultades. No buscan gratitud ni reconocimiento, simplemente siguen haciendo lo que consideran justo.

En Madrid se las conoce como las ‘abuelas activistas’, pero para muchos se han convertido en verdaderos ángeles guardianes. Sus vidas son un ejemplo de coraje, solidaridad y fe en el cambio. Incluso décadas después de iniciar su lucha, no pierden la esperanza y continúan ayudando a quienes más lo necesitan.

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