
En la Universidad de Valladolid (Universidad de Valladolid) ha estallado una controversia después de que la decana de la Facultad de Filosofía y Letras, Dunia Etura, autorizara la celebración de un encuentro dedicado a criticar la normalización de ideas fascistas en el ámbito académico. A raíz de esto, Etura comenzó a recibir amenazas y en el edificio de la facultad se desplegó presencia policial, tanto uniformada como de paisano. Su misión era clara: garantizar la seguridad y evitar que el acto fuera boicoteado.
En una carta dirigida al alumnado, Etura confesó sentirse preocupada por la situación, aunque aseguró no tener miedo. Explicó los motivos por los que la policía estuvo presente en la universidad la tarde del martes. Según la decana, el derecho a la libertad de expresión, de reunión y de pensamiento es la base de la vida universitaria, y precisamente estos valores son los que se ven amenazados. Subrayó que no se trata de una simple discrepancia política, sino de una elección fundamental entre democracia y totalitarismo.
Presiones y amenazas
Todo comenzó cuando la agrupación estudiantil Alternativa Universitaria solicitó a la decana un aula para debatir los recientes episodios de aparición de simbología y consignas fascistas en la universidad. El acto fue titulado: «Antifascismo ayer y hoy: por qué no se debe normalizar la Falange en FyL». Tras el visto bueno de la decana, empezaron las llamadas con amenazas, intervenciones de abogados y cartas acusándola de incitar al odio. Algunos amenazaron con insistir una y otra vez hasta que no se permitan más actividades de este tipo.
El día de la conferencia, la policía detuvo a más de una decena de personas que, según sus sospechas, planeaban boicotear el evento. Entre los detenidos había quienes habían llegado desde Madrid. Una hora antes del inicio, en las paredes de la facultad aparecieron pegatinas con simbología fascista, y en la entrada se congregó un grupo de personas vestidas de negro. Etura destacó que este tipo de presiones sobre la universidad no son una novedad y que la organización convocante ya había sido objeto de ataques y amenazas anteriormente.
Libertad y autonomía
En su mensaje a los estudiantes, la decana recordó que la universidad es un espacio para el libre intercambio de ideas, donde se deben respetar los derechos de todos, independientemente de sus opiniones políticas o creencias religiosas. Subrayó que la libertad de expresión y la autonomía universitaria están garantizadas por la Constitución y no dependen del contenido de las ideas debatidas, siempre que se respeten los principios democráticos y pacíficos.
Etura contó que informó de inmediato a las autoridades sobre las amenazas recibidas, lo que llevó a reforzar la seguridad dentro de la universidad. Según señaló, quienes intentaron boicotear el acto no estaban dispuestos al diálogo, sino que solo buscaban impedir el desarrollo de la discusión. Hizo un llamado a los estudiantes a defender la independencia y la libertad universitaria, incluso si eso implica enfrentar presiones externas.
Reacción estudiantil
Entre los estudiantes de la facultad, los acontecimientos desataron una oleada de emociones. Algunos se sorprendieron por la presencia policial, mientras que otros respaldaron la postura del decano. Una de las alumnas, Lucia González, comentó que no esperaba ver tantos coches de policía frente a la universidad. Su amiga Leire Lebeña expresó su apoyo a las actuaciones de las autoridades, mientras que Sara Aparicio condenó enérgicamente los intentos de imponer ideas fascistas en el centro educativo.
Muchos estudiantes opinan que este tipo de incidentes no pueden considerarse un simple conflicto entre posturas políticas diferentes. Según ellos, está en juego la defensa de los derechos y libertades fundamentales, sin los cuales no puede existir ni la universidad ni la sociedad en su conjunto.
Límites de lo permitido
Dunia Etura destaca que el respeto a la dignidad y la libertad individual es el requisito mínimo para cualquier miembro de la vida universitaria. Hizo un llamamiento a los estudiantes para que no solo ejerzan sus derechos, sino que también asuman la responsabilidad de preservar la independencia de la institución. Según sus palabras, si se cede ante la presión, el siguiente paso será controlar el contenido de las clases, los horarios e incluso el profesorado, algo que ya ha sucedido en la historia de España.
La decana está convencida de que no se puede equiparar a los partidarios de ideas totalitarias con representantes de movimientos democráticos. Considera un error que la sociedad intente percibir el fascismo como una opción política más. En su opinión, en la universidad deben estar presentes diferentes puntos de vista, pero siempre dentro del respeto a la libertad y la dignidad de cada persona.












