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Una denuncia por acoso acaba en presión laboral y la justicia declara ilegal la actuación directiva

Escándalo en Móstoles: indemnización histórica tras forzar a una empleada a dejar su puesto, descubre los detalles de este insólito caso laboral en el sector educativo

En Móstoles, una exfuncionaria ha ganado el juicio contra el director de una escuela tras ser presionada para dimitir después de denunciar acoso. El tribunal reconoció la existencia de presiones y ordenó el pago de una indemnización.

Un fallo judicial de gran repercusión en Móstoles ha reavivado el debate sobre la seguridad y los derechos de los empleados en los centros educativos españoles. El caso, donde una exfuncionaria quedó bajo presión tras denunciar acoso, ejemplifica cómo los mecanismos administrativos pueden volverse en contra de quienes presentan denuncias. Para muchos españoles, este episodio recuerda que ni siquiera en instituciones públicas siempre se alcanza la justicia sin recurrir a los tribunales.

Los hechos ocurrieron en el instituto IES Gaspar Melchor de Jovellanos de Fuenlabrada, donde la exfuncionaria ocupaba el cargo de vicedirectora de estudios. Tras acusar a un docente de conducta inapropiada, la inspección no halló pruebas suficientes que respaldaran su versión. Sin embargo, la situación no acabó ahí: el director del centro comenzó a presionarla, exigiendo su dimisión de manera voluntaria.

Presión y amenazas

En junio de 2018 tuvo lugar una tensa reunión en el despacho del director. La exfuncionaria y una compañera acudieron para hablar sobre el caso del docente, pero en vez de apoyo recibieron amenazas. El director, elevando el tono de voz, advirtió que cualquier denuncia formal provocaría un expediente disciplinario contra quienes la presentaran. Más tarde, en julio, la presión aumentó: le comunicaron de forma directa que debía abandonar el cargo, alegando motivos personales y el cuidado de sus hijos.

A pesar de las amenazas, la exfuncionaria se negó a dimitir voluntariamente y exigió un despido formal. Como respuesta, el director anunció públicamente su salida sin esperar su consentimiento. Según determinó el tribunal, estas acciones afectaron gravemente el estado emocional de la mujer y sirvieron de base para una demanda por presión ejercida.

Procedimiento judicial

La mujer acudió a los tribunales y acusó al director de forzarla ilegalmente a dejar el cargo. El tribunal de primera instancia reconoció que existió presión y obligó al director a pagar una indemnización de 1.050 euros. En 2021, la Audiencia Provincial de Madrid ratificó esta decisión y rechazó la apelación del director. Así, las acciones del responsable fueron oficialmente declaradas como ilícitas.

Este caso se convirtió en uno de los pocos en los que la justicia se posicionó a favor de un empleado sometido a presión administrativa tras denunciar acoso. La sentencia generó un amplio debate público y captó la atención de profesionales del sector.

Contexto y repercusiones

Durante el proceso salió a la luz que la presión sobre quienes denuncian irregularidades no es infrecuente en instituciones educativas españolas. Muchos temen las consecuencias y prefieren guardar silencio para no perder su empleo o evitar represalias por parte de la dirección. En este caso, la exfuncionaria no solo defendió sus derechos, sino que además logró el reconocimiento oficial de las acciones indebidas del director.

Recordando acontecimientos recientes, cabe señalar que en España ya se había planteado anteriormente el tema de la lucha contra el acoso en el ámbito educativo. Tras uno de los escándalos más sonados, las autoridades anunciaron la puesta en marcha de cursos especiales para el personal; sin embargo, como se descubrió después, no se encontraron pruebas reales de que dicha formación se hubiera impartido. Muchos empleados comentaron que, en vez de acciones concretas, solo veían carteles en las paredes. Más detalles sobre esto, en el material en la enlace.

Casos similares

En los últimos años, en España se han hecho cada vez más públicos los casos de presión sobre empleados que deciden denunciar abiertamente irregularidades en instituciones educativas. En 2024, en Valencia, se debatió un incidente similar cuando una profesora, tras quejarse de un colega, recibió amenazas de despido y tuvo que acudir a los tribunales. En Andalucía, en 2025, un tribunal también declaró ilegales las acciones de la administración de una escuela que intentó forzar la salida de un empleado tras un conflicto con la dirección. Estas historias demuestran que el problema sigue vigente y que las decisiones judiciales al respecto constituyen una señal importante para todo el sistema educativo.

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