
En la pequeña localidad andaluza de Marchena, con menos de veinte mil habitantes, la Guardia Civil llevó a cabo una operación que conmocionó a la comunidad local. Como resultado de la intervención policial, fueron liberadas 14 mujeres que estaban siendo retenidas en condiciones cercanas a la esclavitud. Todas ellas trabajaban en la recolección de aceitunas sin documentación legal en España y sufrían amenazas y presiones constantes.
La investigación comenzó después de que, a principios de octubre, se recibiera una denuncia anónima sobre una posible retención ilegal de una mujer. Este aviso fue el punto de partida de una amplia inspección que pronto destapó una red delictiva. Se descubrió que los organizadores traían a mujeres de países de Europa del Este, prometiéndoles trabajo estable y condiciones dignas. Sin embargo, al llegar a Marchena, la realidad era muy diferente.
El mecanismo de sometimiento
Nada más llegar, las mujeres se veían obligadas a asumir una deuda de 2.000 euros, que no dejaba de aumentar cada semana. Esa deuda se convertía en una herramienta de control absoluto: escapar de la trampa era prácticamente imposible. Sus documentos personales eran confiscados y cualquier intento de resistencia era reprimido mediante amenazas o violencia física.
Las jornadas laborales eran interminables y el salario prometido resultaba ser mucho más bajo de lo acordado. Los responsables no dudaban en usar la fuerza para doblegar la voluntad de las víctimas. A las mujeres se les hacía creer que, si huían o denunciaban, acabarían sufriendo una situación aún peor: la explotación sexual en Alemania.
Condiciones de vida
Además de trabajos extenuantes, las mujeres se veían obligadas a vivir en condiciones extremadamente duras. La vivienda donde eran retenidas no cumplía con ninguna norma sanitaria ni de habitabilidad. La falta de servicios básicos, el hacinamiento y la insalubridad se convirtieron en parte de su día a día. Dos de las víctimas sufrieron no solo violencia física, sino también abusos sexuales por parte de uno de los integrantes del grupo criminal.
Todos los sospechosos, como se ha revelado, también eran originarios de Europa del Este. Actuaron de manera cuidadosamente planificada: controlaban a las víctimas, las amenazaban constantemente y las mantenían aisladas del mundo exterior. Las mujeres prácticamente no tenían opción de pedir ayuda ni podían salir de la casa sin autorización.
Detenciones y consecuencias
Durante la operación, que concluyó a principios de noviembre, fueron detenidas seis personas. Se les acusa de trata de personas, pertenencia a organización criminal y violación de los derechos laborales. Todos ellos ya han pasado a disposición judicial.
La operación fue posible gracias al trabajo coordinado de la unidad EMUME, perteneciente a la policía judicial de la Guardia Civil en Sevilla. Tras un mes de vigilancia, los agentes reunieron pruebas que acreditan no solo la explotación, sino también los abusos sistemáticos sufridos por las mujeres.
Reacción social
La noticia ha generado un gran impacto en la opinión pública tanto en Andalucía como fuera de la región. Los vecinos se muestran conmocionados por la magnitud del crimen y porque algo así pudiera ocurrir en su ciudad. Las autoridades han prometido reforzar el control sobre los trabajos de temporada y las condiciones laborales de los migrantes para evitar que se repitan situaciones similares.












