
El polémico despido de una maestra en Grecia ha reavivado entre los españoles el debate sobre las estrictas restricciones que enfrentan los empleados públicos. La decisión de las autoridades no solo afectó al sector educativo, sino que también puso en entredicho los derechos de los trabajadores temporales. Para muchos en España, este caso fue una señal de alarma: los límites entre la iniciativa privada y el servicio al Estado se vuelven cada vez más estrictos.
En el centro de la historia está una profesora de primaria que se preparaba para incorporarse con un contrato temporal. Su nombre no ha trascendido, pero se sabe que había sido seleccionada como sustituta para el curso escolar 2025–2026. Sin embargo, durante la fase de tramitación de documentos, las autoridades descubrieron que gestionaba activamente un alojamiento turístico, anunciándolo en una reconocida plataforma de alquiler a corto plazo.
Prohibición de actividades empresariales
La legislación griega prohíbe de manera categórica que los empleados públicos participen en actividades comerciales. Incluso tratándose de un contrato temporal, las normas permanecen inalteradas. En este caso, los funcionarios del Ministerio de Educación actuaron con rapidez: en cuanto se conoció la actividad comercial de la profesora, su contrato fue anulado de inmediato.
El motivo no es solo una infracción formal. Las autoridades insisten en que alquilar viviendas a través de Airbnb no representa un simple ingreso pasivo, sino que constituye una auténtica actividad empresarial. Implica publicidad, atención a los huéspedes, limpieza, cambio de ropa de cama y una interacción constante con los clientes. Todo ello, en opinión de los funcionarios, resulta incompatible con el trabajo en el sector público.
Matices legales
La base de la decisión es el artículo 31, apartado 3 del Código del Servicio Público de Grecia (Ley 3528/2007). Este documento prohíbe a los funcionarios públicos cualquier forma de actividad comercial. La prohibición se aplica no solo a los empleados permanentes, sino también a los temporales con contratos laborales a plazo fijo.
Las autoridades judiciales del país han reiterado en varias ocasiones: alquilar viviendas a turistas no es simplemente un arrendamiento, sino una actividad empresarial. Si una persona atiende regularmente a huéspedes, se encarga de la limpieza y la promoción, adquiere la condición de empresario. Este estatus es incompatible con el trabajo en el sector público.
Reacción y consecuencias
El caso ha generado un intenso debate entre docentes y funcionarios. Algunos consideran que la prohibición es excesivamente estricta y no refleja las realidades actuales. Otros insisten en que el funcionario debe estar plenamente dedicado a sus funciones y no tener ingresos adicionales.
Para los funcionarios públicos españoles, esta situación ha servido para reflexionar sobre sus propias restricciones. En España también existen normas estrictas que prohíben a los empleados públicos emprender negocios sin una autorización especial. Sin embargo, los despidos tan contundentes son poco habituales, lo que hace que el ejemplo griego resulte especialmente ilustrativo.
Casos similares
En los últimos años, en Europa se intensifican los debates sobre dónde se encuentra el límite entre la iniciativa privada y el servicio público. En Italia y Francia se han registrado casos en los que docentes y médicos fueron sancionados por empleos adicionales en el sector privado. En Alemania se discutió la posibilidad de que los funcionarios alquilen vivienda en propiedad, aunque las decisiones se tomaron de manera individual. En España, conflictos similares suelen resolverse mediante advertencias o suspensiones temporales, en lugar de despidos inmediatos. Sin embargo, la tendencia a reforzar el control sobre el empleo adicional entre funcionarios públicos es cada vez más evidente.












