
A principios del otoño de 2025, en las afueras de Parla, cerca de Madrid, tuvo lugar un caso impactante que conmocionó a los vecinos. Un paseo rutinario con el perro se convirtió para una residente en un hallazgo inesperado: detrás de la valla de una granja, descubrió un montón de cuerpos de ovejas apilados unos sobre otros. El olor a descomposición y la escena desoladora no dejaron lugar a dudas: los animales no habían muerto el día anterior.
Al lugar acudieron agentes de policía y especialistas en protección animal. El interior donde se encontraban las ovejas presentaba un estado insalubre: el suelo estaba cubierto por una gruesa capa de estiércol y las vallas, oxidadas y parcialmente destruidas, llevaban tiempo sin repararse. De las 220 ovejas en la granja, 50 ya estaban muertas y muchas más sufrían diversas enfermedades. Algunas presentaban problemas respiratorios, inflamaciones, cojera y otros signos claros de abandono.
La inspección reveló que hacía mucho tiempo que nadie cuidaba de los animales adecuadamente. El propietario de la explotación, un hombre de 51 años, no pudo presentar ninguna documentación de los animales ni llevaba el registro obligatorio. Según declaró, ningún veterinario había visitado la granja desde febrero de 2025. El pienso para las ovejas se vertía directamente sobre el suelo sucio, y la paja destinada a la cama, en varios puntos, estaba ennegrecida por el moho. Se encontraron restos de un ave muerta en la comida, lo que suponía un riesgo adicional para la salud del ganado.
La policía ha detenido al propietario de la finca, acusado de maltrato animal y negligencia que provocó la muerte masiva de ovejas. Anteriormente, esta persona ya había estado en el punto de mira de las autoridades por infracciones relacionadas con el medio ambiente. Tras su detención, fue puesto a disposición judicial, donde tendrá que responder por sus actos.
Consecuencias y reacción social
El caso ha generado una gran repercusión pública en Parla y sus alrededores. Vecinos y defensores de los animales exigen un mayor control sobre las condiciones en las granjas y castigos más severos para quienes incurran en estas prácticas. Las autoridades regionales han prometido realizar inspecciones adicionales en explotaciones similares para prevenir nuevas tragedias.











