
En agosto de 2024, un gran incendio arrasó la zona norte de la provincia de León, destruyendo los bosques alrededor de Portilla de la Reina y dejando el pueblo prácticamente incomunicado. El fuego dañó el cable de fibra óptica que les daba acceso a internet y telefonía, haciendo que la vida en este rincón de Picos de Europa retrocediera varias décadas.
Durante dos meses, los habitantes han sufrido continuos cortes de comunicación. La solución provisional — un generador de gasolina para mantener la antena en funcionamiento — resulta poco fiable: el combustible se agota rápidamente y cada vez es más difícil transportarlo montaña arriba, especialmente con la llegada del invierno. Cuando nieva, acceder al equipo se vuelve casi imposible. Como resultado, la gente se queda sin poder llamar, sin internet o incluso sin poder pagar con tarjeta.
Aislamiento y preocupación: así es la vida en el pueblo
En el bar local Tres Provincias no solo se comentan las últimas noticias, también los problemas de sus vecinos. La dueña, como el resto, no puede aceptar pagos con tarjeta y la conexión con el exterior puede cortarse durante días. Los mayores lo pasan especialmente mal, pues quedan solos y sin posibilidad de pedir ayuda. Los ganaderos que suben con las ovejas a la montaña pueden quedarse horas enteras fuera de cobertura.
Los empresarios locales pierden clientes: los turistas no pueden reservar alojamiento ni pagar servicios, y los cortes constantes de electricidad y comunicaciones hacen que trabajar sea prácticamente imposible. Los habitantes confiesan que se sienten olvidados y abandonados, ya que sus problemas no se resuelven durante meses. Muchos están convencidos de que, si la situación no cambia, el pueblo seguirá perdiendo población.
Autoridades y operadoras: promesas y realidad
El alcalde local señala que, dos meses después del incendio, no se ha encontrado una solución estable. Las autoridades prometen restaurar la infraestructura, pero las obras avanzan lentamente y el terreno complicado junto al mal tiempo solo agravan la situación. El operador de telecomunicaciones asegura haber instalado ya 10 kilómetros de cable nuevo, pero para restablecer completamente el servicio es necesario reemplazar decenas de postes y realizar trabajos adicionales.
Los vecinos recuerdan que esta situación de aislamiento ya se dio durante las intensas nevadas de años anteriores, cuando tenían que ir a pueblos vecinos para disponer de cobertura. Ahora, aunque pagan los mismos impuestos que quienes viven en las grandes ciudades, se ven obligados a soportar continuos cortes y la falta de servicios básicos.
El día a día bajo el aislamiento
En las calles de Portilla de la Reina reina el silencio, solo interrumpido por el tintinear de los cencerros de las ovejas y el murmullo del viento de la montaña. Los vecinos más mayores pasan las tardes junto a la estufa, leyendo el periódico o intentando captar una señal para ver las noticias en la tablet. Cada vez más jóvenes y familias se plantean marcharse, ya que sin conexión ni apoyo de las autoridades, el futuro del pueblo es incierto.
Por ahora, los vecinos confían en que al menos se logre restablecer un mínimo de comunicaciones antes de la llegada del invierno de verdad. Sin embargo, con cada día que pasa, la esperanza en el cambio disminuye y la sensación de abandono se hace más presente.












