
La bajada de la inflación a comienzos del año sorprendió a millones de familias españolas. La caída de los precios en enero se reflejó de inmediato en el gasto doméstico, generando animadas conversaciones en tiendas y mercados. Para muchos, supone un respiro largamente esperado tras meses de incrementos de precios, sobre todo en un contexto económico inestable en Europa.
El índice de inflación en enero de 2026 descendió hasta el 2,4%, el valor más bajo de los últimos siete meses. En diciembre, la inflación se situaba en el 2,9% y esta caída tan pronunciada ha sido el mayor cambio mensual desde marzo del año pasado. Como referencia, la última vez que se registró un nivel similar fue en junio, cuando el índice de precios al consumidor alcanzó el 2,3%.
Energía y precios
La dinámica en el mercado energético ha sido el principal factor detrás de esta ralentización de la inflación. En enero, el precio de la electricidad en los mercados mayoristas bajó hasta los 73,9 euros por megavatio-hora, una cuarta parte menos que hace un año. Esta caída de los precios de la energía se reflejó rápidamente en las cifras de inflación, permitiendo que muchas familias notaran alivio en sus facturas mensuales.
Sin embargo, el panorama no es del todo positivo. A pesar de la caída general, la inflación sigue siendo elevada en ciertas categorías de bienes y servicios. Esto afecta especialmente a los alimentos y algunos servicios, donde los precios no dejan de escalar. Expertos advierten que la energía es solo una parte de la ecuación y que todavía no es momento de bajar la guardia.
Amenazas ocultas
La inflación subyacente, que excluye los precios de la energía y los productos no elaborados, se mantuvo en el 2,6%. Esta cifra no varía desde hace tres meses consecutivos. Para los economistas, esto es una señal de alerta: a pesar de la caída en los precios de la energía, las presiones inflacionistas internas siguen afectando al mercado.
Preocupan especialmente los precios de los alimentos. El chocolate, el café, los huevos y la carne de vacuno continúan encareciéndose, pese a la tendencia general a la baja de la inflación. Como resultado, España sigue superando la media de la eurozona, lo que genera inquietud tanto entre analistas como en la ciudadanía.
Previsiones y expectativas
Los economistas lanzan previsiones prudentes para 2026. Se espera que la inflación media anual se sitúe en el 2,4%, tres décimas menos que en 2025. En febrero podría alcanzarse un nuevo mínimo, pero en primavera la inflación podría repuntar antes de estabilizarse hacia final de año.
Para los trabajadores españoles esto representa la oportunidad de recuperar parte del poder adquisitivo perdido. La situación económica del país sigue siendo relativamente estable, lo que permite confiar en futuros incrementos salariales. Sin embargo, la incertidumbre persiste: mucho dependerá de la evolución de los precios de bienes y servicios, así como de factores externos que influyan en la economía nacional.












