
En Madrid se ha intensificado una fuerte lucha política en torno al intento de modificar la legislación laboral. La propuesta de reducir la duración máxima de la semana laboral de 40 a 37,5 horas no obtuvo el respaldo del Congreso de los Diputados. La reforma fue apoyada por 170 parlamentarios, pero 178 votaron en contra, lo que puso fin a uno de los proyectos clave del actual gobierno.
La atención se centró especialmente en la postura del partido Junts, cuyos votos resultaron decisivos. Su negativa a respaldar la iniciativa evidenció la fragilidad de la mayoría parlamentaria en la que confiaba el gabinete de ministros. Como consecuencia, la vicepresidenta y líder de Sumar, Yolanda Díaz, quedó en una posición sumamente vulnerable. No es el primer duro revés para ella: anteriormente, los diputados rechazaron otro proyecto de ley importante para el gobierno.
En los círculos gubernamentales no ocultan su decepción, aunque insisten en que no piensan rendirse. Representantes del PSOE y de Sumar aseguran que volverán a abordar esta cuestión tan pronto como exista la posibilidad de reunir el apoyo necesario. Al mismo tiempo, los socialistas dejan claro que un nuevo intento solo se realizará si hay garantías de éxito.
La oposición, encabezada principalmente por el Partido Popular y Vox, aprovechó la situación para acusar al gobierno de falta de diálogo y excesiva ideologización. Según su opinión, la reducción de la jornada laboral propuesta perjudicaría a las pequeñas empresas y podría provocar la pérdida de empleos. Junts también insistió en que estos cambios podrían afectar negativamente a empresarios y trabajadores, especialmente en un contexto de inestabilidad económica.
Desde la tribuna, Yolanda Díaz intentó convencer a los opositores sobre la necesidad de la reforma, subrayando que millones de españoles se beneficiarían de la reducción de la semana laboral. Acusó a Junts de defender los intereses de los empleadores en lugar del movimiento independentista catalán y reprochó al Partido Popular la difusión de datos inexactos. Díaz también recordó el aumento de las ganancias de las pequeñas y medianas empresas, afirmando que sus preocupaciones estaban exageradas.
En definitiva, el fracaso de la iniciativa representó no solo una derrota personal para Díaz, sino también una señal sobre la fragilidad de la coalición. Al gobierno le esperan negociaciones difíciles y la búsqueda de nuevos aliados si pretende cumplir sus compromisos sociales.












