
Con la llegada de los primeros fríos y el paisaje teñido de tonos rojizos y dorados, uno de los rincones de la provincia de Toledo se transforma en un auténtico paraíso para los amantes del turismo rural. Este enclave combina como ningún otro las antiguas tradiciones de recolección con el encanto de las rutas de montaña, ofreciendo a los visitantes una inmersión total en el ambiente del auténtico otoño español. Rodeado de naturaleza virgen, este entorno permite desconectar del ajetreo urbano y disfrutar de todas las bondades del ecoturismo en pleno corazón de la sierra.
Se trata del pequeño municipio de El Real de San Vicente, situado en plena Sierra de San Vicente. Su mayor tesoro son los castañares, que ocupan más de 600 hectáreas. Cada temporada, los vecinos recogen aquí una impresionante cosecha que llega hasta las 700 toneladas de castañas, lo que convierte a este pueblo en uno de los principales productores de la región. Los bosques que rodean la localidad constituyen un ecosistema de gran riqueza, con robles, encinas y una variada fauna, en la que destaca el amenazado águila imperial ibérica. El clima local, fresco y húmedo, ofrece las condiciones ideales para el crecimiento de los castaños, que se han convertido en el pilar de la economía local.
Las rutas de senderismo que atraviesan las montañas de El Real de San Vicente ofrecen a los viajeros la oportunidad de sumergirse en una naturaleza prácticamente intacta. Los caminos discurren junto al barranco Garganta de la Tejea y pasan por antiguos molinos de piedra, formando paisajes ideales para paseos tranquilos y para descubrir el alma rural de Toledo. Sin embargo, los visitantes deben tener en cuenta que la mayor parte de los castañares son de propiedad privada y están cercados, por lo que el acceso está prohibido sin autorización. Aun así, en los terrenos públicos, la recolección de castañas está permitida, aunque regulada estrictamente: incluso para recoger una pequeña cantidad de frutos es necesario obtener un permiso municipal especial.
Además de su riqueza natural, El Real de San Vicente conserva un valioso patrimonio histórico. La iglesia local de Santa Catalina, construida entre los siglos XVII y XVIII, está declarada Bien de Interés Cultural. En su interior se conservan esculturas barrocas del destacado maestro Luis Salvador Carmona. El aspecto arquitectónico del pueblo se completa con antiguas fuentes como la Fuente de las Veneruelas y los tradicionales molinos, que transmiten la sensación de que el tiempo se ha detenido. En noviembre, el municipio celebra la tradicional fiesta de las Hogueras de la Luminaria, en la que vecinos y visitantes se reúnen alrededor del fuego para disfrutar juntos de castañas asadas, el emblema por excelencia del verdadero otoño en las montañas de Toledo.












